jueves, 5 de diciembre de 2013

No es lo que parece

Yooo!! KYORI DESU!!!! Siento haber tardado en actualizar pero... vengo con el inico de un fic fresco que a mi parecer, es muy descriptivo y dramático ._. ojalá les guste este género (= =)
Ultimannte he estado ocupada con las tareas, la uni y las redes sociales y poco tiempo he tenido para escribir ;A;!! Pero espero y en este mes~ haya más inspiración de lo común y mis manos tengan ganas de escribir *A*!! jajaja!! Disfruten!!

Título: No es lo que parece [+16]
Género: Slash, drama, comedia, escolar
Personajes: HSJ! KAT-TUN
Extensión: Serial 1/(?)
Advertencias: Lime, lemon, violencia, lenguaje soez (grosero) [LS], prostitución, chicas (¿?).
Escritora: Kyori



CAPÍTULO 1: Él es distinto
“Mi corazón solamente le pertenece a un chico~ solamente él puede ser capaz de encender este ardiente fuego que yace dentro de mi ser~ solo él…”
-Ahhh~ Ahhh~ ¡AHHH!- grité dejando salir aquel fluido y manchando el vientre de quien se encontraba debajo de mí.
-¡Ahhh!- aquel chico hizo lo mismo.
El calor que sentíamos en ese momento había empañado la ventana, las luces tenues apenas y dejaban ver nuestras figuras delineadas y la imagen de dos cuerpos separándose comenzaba a ser visible. Me estaba levantando, muy lentamente debido a las pocas fuerzas que tenía. Mis brazos flaqueaban y la cobija apenas era movida por acción de mi cuerpo. Siempre pasaba eso.
-Muy bien hecho~ muñequita~ -susurró sobre mi oído aquel pervertido que me tenía en brazos.
-H-Hai~ goshujinsama~- apenas pude expirar, sintiendo mi cuerpo ser lamido con ansias.
-¿Ya te has cansado~ mi pequeña muñeca?- su voz pretendía provocarme.
-N-No…-
Aunque lo intentara mil y una veces, no podía estar completamente satisfecho. La única manera de complacer a ese tipo de idiotas, era de una sola manera. Debía de parecer que disfrutaba, que me encantaba todo lo que ellos me hicieran aunque me repugnara. ¿Qué más podía hacer? No podía salir de este hoyo. ¿Quién podría aceptar a alguien como yo? Soy un desadaptado, un completo enfermo que ante los ojos de la sociedad debería estar muerto.
-Hazlo esta vez con más ritmo~- susurró mientras sus manos bajan hasta mi abdomen, encontrando mi miembro y apretando- Y te daré un obsequio~- metió su lengua dentro de mi oído.
-Ah~- di un pequeño gemidito y acaté las ordenes.
No tenía más opción. Para la vida que llevaba, ya estaba acostumbrado a ser tratado de puta. Tan acostumbrado que, incluso aunque me ofrecieran una mejor, de seguro no aceptaría por miedo al cambio.
“Su corazón es puro, es noble, es…. Es incapaz de demostrar lo que es de verdad… Lo hace bello, misterioso, complicado…”
Paseaba distante por las calles. Era una tarde de invierno <muy frío invierno> que nublaba con su bello manto de neblina ligera las calles. El sol parecía luchar por querer irradiar un poco de luz entre ese velo, pero éste no se lo permitía. Las calles estaban prácticamente sólidas. A cada esquina que pasaba con pesar, apenas y notaba la sombra deambulante en la acera contraria. La brisa golpeaba mi rostro humedeciéndolo. Ni mi bufanda, abrigo,  ni alguna otra prenda puesta sobre mí podía entibiarme lo suficiente. Pero, no era el tiempo lo que más me incomodaba, era el vacío de mi interior lo que me mataba. No tenía propósitos de seguir, ni tampoco estaba esperanzado en mejorar. Parecía que la senda que recorría no tenía fin y a cada lado que volteaba, veía las imágenes de esas noches vendidas de mi juventud. ¿Asco? No sentía, ¿Miedo, humillación, ironía, pena, ira, tristeza? Nada de eso me afectaba. Simplemente, estaba cansado: de mí, de ellos, de todo.
-No…- escuché una voz que me quitó del trance. En aquella espesa neblina, la voz parecía cercana pero no lograba identificar su origen.
Voltee a ambos lados. Estaba en una esquina donde, si fuese visible, la parada del bus estaría al frente mío, la carretera larga se extendería a los lados y un bello paraje marino invitarían a contemplar la vista por horas.
-¡No!- volví a escuchar aquel quejido.
No parecía estar acompañado. Tampoco parecía que estuviera en apuros. Solamente negaba < según yo > alguna acción que no estaba dispuesto a realizar. Eso sería lo más evidente, como cuando deseas comer un pastel, pero estás a dieta. Repitiéndote una palabra se piensa que lograrás el objetivo de abstinencia < y extrañamente funciona>.
-¡Ya!- ahora el grito vino acompañado de un golpeteo con las manos.
Por el eco que realizó, supe que estaba al otro lado de la calle, sentado o parado en la pequeña casita que normalmente se hace para la espera del autobús.
-¡Ah!- y aquel grito me hizo preocuparme. Sonaba que estaba intentando romper algo con su pie.
Instintivamente, debido a mi ser curioso, me acerqué sigilosamente a aquel sitio, esperando no ser descubierto antes de saber la razón de ese comportamiento. Si mi cabeza hubiese estado cuerda, no lo hubiera hecho. Pero estaba tan aburrido de mi vida, que aquella oportunidad de distracción me llamaba a gritos… Y tal vez no debía responderla.
“Todo pasó en un instante… Un momento efímero en el cual, supe que él… Era distinto”
Mis ojos deambulaban perdidos en el patio de la escuela. Hace poco que las clases habían comenzado y la profesora estaba tardando en exponer el tema. Mis demás compañeros se distraían con sus miles de celulares, videojuegos y pláticas sin sentido que usualmente llenan el salón de escándalo. ¿Pero a quién engaño? Yo, al igual que ellos, me distraía de poner atención. Pero, no era adrede, antes de que me diera cuenta… Ya estaba totalmente perdido en su figura.
-Arioka Daiki- oí a mis espaldas. Había sido descubierto.
-¡Ah! – Balbuce, girando mi cabeza con rapidez - ¿Si maestra?-
-Al fin me pones atención.- hizo una mueca de desagrado y desaprobación.
Era la primera vez que me descubría, pero eso no significaba que lo pasara por alto. Ante la burla de mis compañeros, lo único que se le ocurrió en esos instantes fue dejarme en el descanso para limpiar el pizarrón y recoger el salón. Valla tortura, si supiera que este castigo no era para mí tal, si no, un deber que debo hacer como alumno.
Las clases continuaron y en cuanto la campana sonó, todos presurosos tomaron sus cosas y salieron a despejar sus sentidos de lo que las clases les dejaban. Claro, yo debía quedarme a recoger un poco. No me importó, tomé las cosas y me dispuse a realizar mi trabajo.
Borrar el pizarrón, acomodar pupitres y barrer el suelo. No eran tareas difíciles. Debía terminarlas en menos de una hora pero, no me apetecía salir al descanso, así que tardé lo más que pude en ese lugar. La soledad siempre me había gustado.
-No es justo que te hagan esto- aquella voz me hizo erizar.
Estaba sosteniendo un pupitre para moverlo un poco, pero cuando su figura se hubo dibujado y definido en el cristal de mis lentes, quedé petrificado y mis manos soltaron el asiento dejándole caer y sonando con fuerza al chocar con el piso.
-Y-Yamada…-
-¡Cuidado!- se acercó velozmente a mi posición.
-¡Ah~!- me agaché para tomar de nuevo el pupitre y moverlo, pero cuando estaba por levantarlo, unas manos tomaron con delicadeza las mías. Eran las suyas. Las había posado sobre las mías pretendiendo ayudarme a levantarlo. Pero, esa cercanía me molestaba.
No era la molestia de cuando te desagrada alguien, ni de que no soporte que me toquen. Era la incansable molestia del palpitar en mi corazón cada que sentía su ser tan cera mío. Así es, odiaba tener sentimientos amorosos por ese chico menor que yo, que una tarde de invierno, queriendo escapar de la realidad, supo regalarme una cálida sonrisa que instantáneamente cautivó a mi corazón y lo llenó de un calor inmenso conocido como “amor”. Estaba enamorado de Yamada.
-Daiki… No seas tan distraído ni tonto… Mira lo que puedes causar…- suspiró moviendo con su aliento, unas pocas de las hebras de su cabello que colgaban al frente de su rostro. –Y no me digas Yamada… Ya te dije que puedes decirme Ryosuke- alzó su mirar y sus orbes madera se centraron en los míos.
-ah~- quedé cautivado, pero aun estando tan locamente enamorado de él, sabía mi posición en esta vida.
¿Quién puede aceptar a alguien como yo? Soy tomado como puta por tantos perros, y me he fijado en la persona menos indicada para mí. ¿Quién era él? Un simple chico de preparatoria, dos años menor a mí que, por haber estado tanto tiempo esperando en una parada fuera de servicio, terminó con las manos congeladas y el rostro totalmente rojizo. Sin mi ayuda, no hubiera llegado a su destino nunca. Aquella tarde, en aquel sitio, pude conocer a un chico cualquiera, pero, eso no estaba previsto… Claro que no… Si tan solo hubiese dejado que siguiera siendo “un chico cualquiera”, no me odiaría en lo más mínimo y mi vida seguiría tan vacía como estaba acostumbrado.
Si no hubiese vivido con él el gran placer de ayudar, todo sería normal. Si no me hubiese hecho sentir el sentimiento de gratitud por otros y con ello, la satisfacción de haberlo ayudado… Nada hubiera pasado. ¿Por qué debía de haber sido de otro modo? ¿Por qué rayos tuvo que, no solamente haberme hecho sentir cosas que antes no pude, sino que también se atrevió a enamorarme con un simple gesto? Por qué… Si hubiese permanecido callado, nada estaría mal.
Entonces por qué, ¡Por qué se atrevió a decirme “persona”! ¡Por qué tuvo que sonreír con gentileza pronunciando aquellas palabras que me hicieron sentir dichoso! Por qué me tuvo que hacer ver que, siendo una maldita puta, seguía siendo una persona… Un “alguien” que podía merecer una segunda oportunidad.
-¿Daiki?-
Y por qué… de entre todos… tuvo que ser él quien, sin importar los rumores que ya de por si rondaban de mí, podía aparentar no saber nada, fingir demencia e ignorar incluso lo que pudiesen decirle a él y estar acá… Ayudando a un desgraciado que había forjado su propia condena inhumana.
-¡Ah! No me digas tonto~ tonto~… quien le dice tonto a un tonto es porque es el doble de tonto~ ¡Tonto!- reía.
-Y tú lo dijiste cuatro veces~- rió conmigo. –Vamos a ver… Ni si quiera te has peinado…- suspiró. Ahora se comportaba como una madre.
Sus manos acariciaron mi cabeza. Compusieron con cuidado mis cabellos alborotados y enmarañados. Tener hebras onduladas complicaba que se acomodara, pero aun así, él tenía una manera única de acomodarlas.
Cerré los ojos sintiendo como terminaba de acomodar mi cabello y dirigía lentamente sus manos a mi rostro. Apenas abrí los ojos, sintiendo como acomodaba ahora mis lentes. Siempre tan cuidadoso conmigo. Procurándome, preocupándose, estando a mi lado. Si tan solo supiera lo que siento, lo que soy y lo que hago… No quiero alejarlo…
-Ya~ me siento un perro- hice un puchero. Pero él rió.
-Lo siento~ aunque podrías serlo- bromeó y terminó de arreglarme. –Vamos… te ayudo a terminar para que podamos comer algo~ ¡Tango hambre y el culpable eres tú!-
-¿Y yo por qué?  Nunca te dije que me esperaras-
-Todavía de que te espero… que mal agradecido…- infló los cachetes, sonriendo al poco y tomando la escoba- Yo empiezo por acá… termina de acomodar allá- me guiñó el ojo y continuó.
Me quedé viendo. ¿Por qué es tan diferente de las demás personas? Si era una persona normal, una simple palabra y sonrisa no pudieron haberlo hecho especial… Y por más que le daba vueltas al asunto, no lograba responderlo.

CONTINUARÁ.

Nota de la autora: goshunjisama significa "amo" de una manera muy cortés y en posesión. Eso significa que Daiki -así es, Daiki- acepta que es de su propiedad... u,u
Nota 2: La imagen no es mía. Agradecimientos a quien corresponda por ella!

2 comentarios:

  1. Me encantó *w*
    Akjandkiaebfu Daiki como una Pu* es tan kjandxbjafbyvsilevf
    Y enamorado de Ryo-chan <3
    ¿Lentes, cabellos revueltos? Eso me suena a Kindaichi LOL

    ¡¡Quiero más!!
    Exijo más fic *w*

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  2. asfiuasfvgaisfalfysvfalysf ¡Dioooooooooooos! *w*
    Me encanta este blog porque está lleno de Ariyama por todas partes,+
    nada más que veo algo publicado de aquí corro de cabeza *___________________________*
    ¡Quiero contiii~~! :3
    Ahí Yamada muy bien, demuéstrale a Daiki que vale mucho *3*

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