jueves, 9 de octubre de 2014

In the Dark Cap 4 parte 4

Así es mis preciosas criaturas! Nuevamente yo...
Ya que me sentí mal por no haber cumplido mi promesa, la sorpresa de esta semana es que... ¡¡Hay capítulo doble!! ¡¡Así es!!
Hace poco acabo de terminar la siguiente parte y espero comenzar pronto con el siguiente capítulo! ¡¡Yayh!!
Espero con esto me perdonen... ;w; yo las quiero mucho por estar leyendo...
De verdad gracias ;w; me hacen feliz...
Y bueno... sin más que agregar... acá el siguiente cap!! Douzou!!


Capítulo 4: “Arena de guerra, festín de bestias”  [Parte IV]

Sí. Lo que había vivido hace tiempo en ese lugar lo habían dejado marcado por el resto de su vida. El tan sólo recordarlo le helaba la piel. Pero ahora no se encontraba en esa situación, no, claro que no.
Ahora quien estaba sufriendo probablemente los mismos tratos que él era Yamada. ¿Cómo es que había llegado hasta ahí? ¿Cuándo es que lo atraparon? ¿Cuánto tiempo había perdido ya? Las preguntas que fluyeron le hicieron enrojecer de la vergüenza y la furia.
El pasado, no lo podría cambiar jamás, pero estaba ahí, ahora. Él era el único que podía salvar a Yamada de las garras de los demonios hambrientos. Si se quedaba esperando por más tiempo, se lamentaría en un futuro.
Arioka: -¡Yamada!- entró gritando, abriendo las puertas con fuerza y deslizándose ligero por las escaleras.
Su cuerpo se sentía tan liviano, tan ágil, que no tardó mucho en llegar hasta abajo, viendo el pasillo extenso al frente suyo. Su corazón dio un latido y pronto se encontró recorriéndolo a gran velocidad. Tenía que llegar con él, tenía que salvarlo. Tenía que impedir que le hicieran lo mismo. “Yamada”.
Al abrir más los ojos, pudo divisar a uno de sus vórtices comenzando a crearse. No dudó en correr dentro. La visión del vampiro apareció ante sus ojos y la proximidad se acortaba. Pronto estaría a su lado.
Arioka: -Yamada…- sonrió, dando un paso más.
Pero justamente cuando sentía que podía rosarlo, algo lo jaló hacia la parte trasera.
Takaki: -¡¿Estás loco?!- gritó.
El mayor de los demonios había logrado percibir la oleada de magia y energía creada por el vórtice y pudo detener a Arioka a tiempo antes de que descubriera sus poderes frente a otros.
Arioka: -¿Takaki?- preguntó, viendo que se encontraba justo al otro lado de la malla, lamentablemente, fuera del coliseo.
Takaki: -¿Qué rayos haces aquí Daiki?- su sorpresa y exaltación no faltaron.
Arioka: -Eso no te incum…- antes de siquiera terminar la frase, oyó un fuerte estruendo que a todos hizo levantar de sus lugares y emocionarse más de la cuenta.
Cuando giró su mirada, sus ojos platinados se centraron justamente en la imagen que ahora caía del centro e intentaba correr con prisa sin poder hacerlo.
La figura que sus ojos reflejaban era la de Yamada. Éste corría torpemente intentando escapar de las garras de los demonios.
Arioka: -¡¡Yamada!!- gritó, acercándose a la malla e intentando atravesarla. -¡¡Yamada!! ¡¡Suéltenlo malditos vejetes!! ¡¡Déjenlo en paz!! ¡¡ESCORIA DE MIERDA, DEJENLO YA!!-
Takaki: -¡¡Daiki!!- lo sostuvo como pudo, agarrando sus brazos para alzarlos en un fuerte agarre donde él flexionó el codo para crear más presión.- ¡Tranquilízate! ¡Daiki!-
Arioka: -¡Suéltame Takaki! ¡Tengo que ir!-se removía entre los brazos del otro.
Takaki: -¡Es contra las reglas! No… puedes… Dai… ki…- apenas y podía hablar, siendo golpeado por los puños torpes del menor.
Arioka: -¡¡Que me sueltes!!-
Takaki: -¡No lo haré!-
No podía soportarlo. Cuando volvió a dirigir su mirada, casi sintió que su cuerpo desfalleció al ver como los otros demonios habían enterrado en el frágil cuerpo del vampiro sus garras. La sangre fluía a chorros. Ante sus ojos, la vida de Yamada se desvanecía.
Su garganta se secó, su cuerpo se tensó. Lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Eso había sido su culpa. Lo presentía. El que Yamada esté ahí, había sido su culpa.
El enojo que antes le invadía ahora se había vuelto angustia. No quería verlo morir. No quería que sufriera. No quería perderlo… No quería…
Arioka: -Yamada…- su hilo de voz apenas fue entendible para Takaki- No… Takaki… Por favor… Ayúdame… Takaki…- su cuerpo estaba temblando.
Takaki: -¿Qué?-
Arioka: -Por favor… Por favor… No quiero que muera… Yamada… No dejes que muera…-
Cuando el mayor lo dejó caer, deslizándolo por su cuerpo, Arioka cayó de rodillas. Sus ojos estaban inundados en lágrimas. Solamente el mayor se quedó ahí, intercalando su vista entre él y el vampiro. Afiló los ojos y se dirigió hacia la malla.
Takaki: -¡HIKARU!- gritó.
Arioka alzó la vista, sorprendido. Sus ojos iluminados se vieron mucho más acuosos cuando el nombrado apareció.
Yaotome: -¿Qué pasa? ¿No ves que debo estar atento a quien tome primero al chico?-
Takaki: -Daiki y yo vamos a entrar…-
Yaotome: -…… ¡¿Qué?! ¿Acaso estás loco?-
Takaki: -Tú eres el presentador, creo que podrás hacer algo. Es decir, tú pones las reglas, ¿No?-
Yaotome: -¿Qué pretendes?- le miró fijamente.
Takaki: -Nada en particular… ¿Lo harías como un favor? –sonrió, acercándose a Yaotome y estirando su mano para mostrar su diestra al aire, lo que hizo al demonio presentador abrir los ojos parpadeante y ladear la cabeza. –Vamos… No queda mucho tiempo.-
Yaotome: -De acuerdo…- fueron sus últimas palabras antes de girarse y hacer un ademan con su mano. -¡MUY BIEN MUGRES ESCARABAJOS! ¡HOY HAY MÁS SORPRESAS DE LAS QUE PODRÍA HABER IMAGINADO!.... ¡PARA DEMOSTRAR QUE LO MERECEN, DOS DE LOS MEJORES LUCHADORES ENTRARÁN A LA ARENA! Si no logran tomar al vampiro antes de que lleguen ellos a él, ¡¡PIERDEN!! –la oleada de bulla creció, no era de esperar. -¡COMENCEMOS ENTONCES! ¡¡TAKAKI Y ARIOKA!! Vamos, no sean tímidos… ¡¡PASEN A LA DIVERSIÓN!!-
Arioka: -Yamada…- sus piernas lo levantaron en cuanto vieron que las puertas se abrían de pronto, dejándole paso a la arena. –Yamada…- sus pensamientos se pusieron en blanco y no supo en qué momento es que llegó con el vampiro, sólo supo que corría y corría. –Yamada…- su respiración se agitó, y justo cuando llegó a donde estaban, algo golpeó a los demonios apartándolos con brusquedad del cuerpo inconsciente del vampiro. -¡¡YAMADA!!-.
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Chinen: -Yuto… Por favor… Regresemos… No podemos estar en la noche tan lejos del internado y tan cerca de… Acá- suplicó. El lugar en el que ahora se encontraban estaba totalmente prohibido para todos. El internado de los demonios.
Un complejo de estructuras viejas, tan antiguo como un templo pero con la apariencia de un reclusorio. Rodeado de una gran y grisácea muralla con 4 postes a cada lado, suponiendo que eran de vigilancia. La muralla era en realidad un pasillo por el cual los reclusos salían cuando terminaban su condena. ¿Cuál condena? Haber nacido demonios… Nunca saldrían de ahí. Al ingresar, les habían prometido eso pero, tarde se dieron cuenta que su sangre no podía ser cambiada.
Al frente, se podía observar el gran pórtico. Un portón de gruesos tubos de acero negro que simulaban barrotes. Al fondo, otro gran portón que se mantenía sellado siempre. Ese era el portón que daba directamente con el frente del internado. Nunca debía ser abierto, pues esa era la verdadera salida.
Si aquel portón se abría, la magia de retención perdería su poder y las murallas mostrarían su verdadera forma, la cual era débil que con tan solo un ligero traqueteo del suelo se derrumbaría en menos de 60 segundos.
Nakajima: -Yamada está aquí…- susurró, apretando los barrotes.
Chinen:-¿Cómo puedes estar tan seguro? ¡No hay alguien que nos diga que está aquí!-
Nakajima: -Es el único lugar que queda por revisar… ¿No lo ves? ¡Ni si quiera tus investigadores privados pudieron seguirles la pista! Yamada está aquí, lo sé, lo presiento.-
Chinen: -Yuto…-
La noche les hacía más difícil poder encontrar alguna brecha para entrar, ¿Y cómo no? Era una de las más poderosas construcciones. Por algo, nunca antes se había dado alerta de la huida de algún demonio por más listo que fuese, entonces… ¿Cómo era posible que tres de los demonios más capacitados en combate y prácticamente líderes lograsen escapar siempre? Nadie les ponía cuidado. Ya estaban demasiado confiados, pero, en todo exceso de confianza, siempre hay brechas.
Y Nakajima lo podía comprobar, pues, ante sus ojos, algo se comenzó a remover al fondo. Unas siluetas borrosas que le hicieron abrir los ojos.
Nakajima: -No puede ser…-
Chinen: -Es… ¿Un demonio?-
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Arioka: -¡¡YAMADA!!- su cuerpo se lanzó hacia los demonios, cayendo en el hueco que habían formado éstos. Sus manos abrazaron con cautela el cuerpo del menor y sus alas se desplegaron con tal potencia que hicieron a todos rebotar a los lados.
Demonio: -¡Oye! ¡Eso no es válido!- Uno de los demonios se levantó, tomando una de las patas oxidadas de la cama y dirigiéndose con pasos pesados hacia Arioka. Alzó su brazo y pretendió rebotar un fuerte golpe sobre la espalda de éste, siendo detenido en el aire sin mucho esfuerzo.
Takaki: -Oh~ ¿No está permitido? ¿Acaso no escuchaste las palabras de Hikaru? –Había aparecido justo en el momento exacto, interponiéndose entre el agresor y Arioka, ganando del último una mirada sorprendida.- Nosotros lo atrapamos… Lárgate- su voz profunda, llena de poder y soberanía, hicieron al demonio agresor retroceder unos pasos.
Por más que Takaki apenas fuera la mitad de alto que aquel colosal demonio, éste no tenía oportunidad con el máximo peleador de todos los tiempos.
Takaki era reconocido por sus habilidades combativas. Siempre al acecho y con una fuerza descomunal que incluso el titán más tremendo podría ser fácilmente abatido por él. Los rumores decían que incluso de pequeño, había logrado asesinar una docena de guardias cuando le fueron a buscar. Otras fuentes aseguraban que incluso 50 guardias no habían podido contra él. Sin embargo, un testigo, el guardia que lo escoltó desde que lo capturaron hasta su llegada, aseguró que Takaki era el demonio más poderoso que hasta ahora se habían topado, aún en la infancia. No se sabía hasta qué grado era lo poderoso que había llegado a ser ahora.
Yaotome: -Ustedes hacen mi trabajo más exhausto- bufó, cuando al fin estuvo cerca de ellos.
Takaki: -¿Qué puedo decir? Si no nos aguantas, no estés con nosotros- sonrió.
Yaotome: -Muy gracioso… - alzó el alto parlante, levantando la mano- ¡¡Y NO TUVIERON OPORTUNIDAD!! Ninguno de los demonios presentes pudo contra los dioses de la arena… Así que, el premio queda reservado para el siguiente juego que será…-
Arioka: -¡¡NOOOO!!-
Todos quedaron cayados. Takaki y Yaotome se agacharon a ver al demonio menor. Éste, seguía con las alas extendidas y cubriendo al vampiro con ellas. Poco a poco comenzó a levantarse, dejando ver finalmente que había cubierto el cuerpo del vampiro con su camisa. Lo presionaba fuertemente contra su pecho, pero no para hacerle daño, era más posesivo que otra cosa. Su mirada se dirigió hacia la de Yaotome. Una mirada fría, helada, seria, como un perro embravecido que podría morder apenas te movieras un milímetro.
Aquella mirada, pese a ser así de fiera, no causó en el demonio presentador más que un simple resoplo con la boca.
Arioka: -Yamada me pertenece, yo lo he ganado… Y si alguien está inconforme, entonces que venga y reclame el premio- anunció, viendo alrededor.
Ninguno de los demonios se movió. Nadie hizo el menor ruido, pues, aunque estuviese inconformes con el resultado, no podían ponerse a debatir con Arioka.
Era cierto que entre Arioka y Takaki a quien más temían era al segundo, pero Daiki no se quedaba atrás. Él, siendo parte del grupo de Takaki y Yaotome, tenía tanta fuerza como ellos y podría acabar al menos con 10 de los demonios dentro del coliseo. Sin olvidar que, absurdamente, Arioka era el más protegido por los otros dos demonios mayores. Para querer si quiera rozarlo, debían pasar por encima de los cadáveres de esos dos antes de dejar que avancen más.
Yaotome: -¡Bien! Ya que no hay ninguna objeción, anunciaré el ganador de este juego… ¡¡NOVATO PARTICIPE EN EL JUEGO DE ARENA, ARIOKA DAIKI!! – comenzó a aplaudir, siendo seguido por el mayor de los demonios y consecutivamente por la horda de demonios fuera de la arena.
Quienes permanecieron dentro de ésta, desviaron la mirada cansados. Otros más comenzaron a reír y un gran número de ellos se dieron la vuelta para dirigirse a sus lugares y curarse las heridas.
Arioka, al ver como ya todos se apartaban, ocultó sus alas y respiró aliviado, viendo con tristeza el cuerpo del vampiro. Más, cuando notó algo que particularmente no había notado, su semblante de serenidad desapareció: El vampiro respiraba con dificultad.
Sus manos temblaron y su cuerpo tiritó de tal manera, que para poder seguir sosteniendo al vampiro, tuvo que pegarlo más a su cuerpo, sollozando por lo bajo y empezando a correr a prisa fuera de la arena.
Yaotome: -¡¡Oye!! ¡¡Daiki!!-
Takaki: -Déjalo… Hay algo más importante que debemos hacer- susurró, volteando hacia una parte específica del coliseo, entre las sombras, donde una sonrisa curveada comenzaba a aparecer.
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Los ojos del vampiro alto se abrieron, casi al punto de salirse de sus órbitas. Sus manos temblorosas soltaron los barrotes de acero y sus pies dieron suaves impulsos reflejos de querer avanzar.
Nakajima: -Ya… Yamada- su voz entrecortada, ronca y cansada sólo pudo pronunciar eso al ver la silueta del demonio cargando a quien tanto había estado buscado.
Chinen:-Es… Es… ¿Un demonio?... ¡¡Que rayos haces con Yamada!! Oh no… ¡¡Yamada!!-
El demonio, Arioka, alzó la vista viendo cómo dos vampiros se encontraban en la entrada del internado. Contrario a preguntarse el por qué estaban ahí, su corazón se llenó de un alivió que le hizo caminar más a prisa, comenzando a trotar a prisa.
Arioka: -¡APÁRTENSE!- Gritó, mostrando su mano en garras y afilando la vista.
Chinen: -¿Qué? ¡¿Piensas que te temo?! ¡No me iré de acá hasta que nos devuelvas a…!- Más, antes de poder terminar con la oración, fue emboscado por el vampiro alto.
Nakajima: -¡Al suelo!-
Una oleada de viento salió disparada de las manos del demonio, rompiendo los barrotes con facilidad que casi parecían palillos cortados por una espada afilada. El polvo no se hizo de esperar y cuando estuvo disipado, lo primero que vieron los vampiros fue al demonio al frente suyo.
Ambos quedaron petrificados. Sus ojos de intenso color platinado podían notarse místicos en la oscuridad de la noche. Un intenso tal, que podría competir con la luminosidad de la luna. Brillantes, redondos y grandes.
Apenas pestañaron, cuando el demonio hizo un ademán de moverse, sorprendiéndoles. Más, vieron que sólo fue para agacharse y dejar el cuerpo de Yamada ante sus pies.
Nakajima, dirigió la vista hacia Yamada, horrorizándose al ver el estado en el que se encontraba. Chinen fue el primero en adelantarse y descubrirlo apenas, hincándose a su lado y con las manos temblorosas. Yamada no reaccionaba.
Chinen: -No… Ca… ¿Cachetón?... Cachetón… Oye…. Cachetón…- movilizó un poco su cuerpo, con tanta delicadeza que parecía tener miedo de romperlo- Cachetón… Yamada…. Ryo… Ryosuke… Por favor… No juegues… ¡Hey!... ¡Ryosuke! ¡No juegues ya! ¡Ryosuke!-
Nakajima: -Chinen…- susurró.
Chinen: -Ryosuke… ¡¡Ryosuke!! ¡¡Ahhhhhh!!- al fin se oyó un grito de desesperación. Sus pequeños puños comenzaron a golpear el pecho del vampiro mayor- ¡No! ¡No! ¡¡Ryosuke!! ¡Reacciona! ¡Ryosuke!- siguió gritando, siendo apartado entonces por Nakajima.
Nakajima: -¡Chinen!- lo detuvo, apartándolo- ¡No lo golpees!-
Arioka por su parte, permaneció en silencio viendo aquello. Sus puños apretados y mordiéndose el labio inferior. Desvió la mirada a un lado, no merecería llorar. Debía contener las lágrimas pues no era digno de llorar por lo que ahora veía, por más que su corazón se sintiera destrozado por dentro.
Chinen: -Tú…- reaccionó, viendo con mirada acusadora y rabiosa al demonio. -¡¡Tú!! ¡¡Yamada está así por tu culpa!!- gritó, lanzándose y empezando a golpear al demonio.
Cayeron al suelo, ambos, y mientras Chinen lanzaba golpe tras golpe, zarpazo y arañazos, el demonio hizo caso omiso por defenderse. Sintió el ardor en su cara, en su pecho, en sus brazos. Pero nada era más comparable a la pena de saber que las palabras que ese vampiro pequeño pronunciaba eran las correctas. Todo había sido su culpa.
Chinen: -Yamada… Yamada… - susurraba. Sus golpes perdieron fuerza y por un momento se quedó inmóvil.- Yamada ha… por tu culpa Yamada ha…- siguió susurrando- Yuto… Yuto… Él… Él sufrirá… Yuto sufrirá… Por tu culpa… Yuto va a querer morirse…- siguió musitando en voz baja.- Yuto se a querer morir… Yuto va a…- apretó los dientes, abriendo los ojos.
Arioka entonces dirigió la vista un momento hacia el rosto del vampiro, encontrando una mirada tétrica en él. Chinen estaba con los ojos bien abiertos, rojo encendido y con los colmillos salidos. Sus labios teñidos de un rojo sangre que dejaban ver lo carnoso y apetecibles que eran. Su cabeza ladeada y la mirada centrada totalmente en él.
Chinen alzó una de sus manos, mostrando que la suavidad que tenía ahora se había convertido en una garra rugosa y negra. Jugueteó con sus dedos y tomó con suavidad con la otra mano, el cuello del demonio, como marcando el lugar donde clavaría esa mano.
Los ojos de Daiki se abrieron de par en par, pero no hizo el menor intento por escapar. Tal vez, de ésta forma, pagaría por lo que había cometido.
Ahora, su deseo podría ser cumplido.


CONTINUARÁ.

2 comentarios:

  1. ¡¡¡Chii!!! ¡¡¡Mi vida!!! ¡¡No lo dañes!! ¡No me lo mallugues!

    sdskfjdkjvfbfkg
    El capítulo estuvo buenísimo.

    Yuyan *____* Oh mi Yuyan <3

    ¡¡Me he emocionado!!
    axsbjcfbdjfvbdk

    Ryosuke quedó mal... ¡¡¡MAL!!!
    kwjsxdskfjvbdkf

    Espero conti >..<

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  2. waaaaa!!!
    CHI!!! no me maltrates a Daiki!!!
    Yuto!!, haz algo!?

    T_T no quelo que Ryosuke se muera...

    noooooo....

    cacheton?¿.... cacheton!?.... CACHETOOOOONNNN!!!

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