miércoles, 8 de octubre de 2014

In the Dark cap 4 parte 3

Si... pueden echarme piedras, pueden abuchearme y mucho más. Pueden hacerme lo que quieran ;~~; siento haber tardado tanto!!!
;A;!!!! pero ya vine!!!!
Siento la demora pero espero que disfruten de este capítulo!!
Por cierto, la vez pasada había subido parte a mi face pero por asares del destino no lo puse en público... lo siento tanto >,,<!!
Si alguien quiere leer, de ahora en adelante los podré públicos con una imagen -////-u y bueno! acá para que me encuentren: Grace Ochoa mi imagen por el momento es de dos niños tomados de la mano, si la cambio, les avisaré en posteriores publicaciones-
Sin más que agregar... Dozou!!!


Capítulo 4: “Arena de guerra, festín de bestias”  [Parte III]

Los gritos resonaban emocionados en cada rincón de ese territorio. No lograba ver más allá de los 30 metros radiados que la luz lograba iluminar, pero su corazón inquieto le advertía que algo no estaba bien. Sus orbes carmesí miraban a todos lados intentando divisar alguna figura que le hiciera reconocer el lugar en el cual se encontraba.
Al mover su mano, alzó a prisa la mirada notando los grilletes con los cuales estaba atado.
“¿Qué?” pensó, moviendo de nuevo la mano aún incrédulo que estar así.
Única silueta de quien logra ver la espalda: -¡YA SABEN LAS REGLAS! Quien logre alcanzar al premio en el centro de la arena, podrá ser el ganador de tal suculento premio… ¿Y saben una cosa? ¡¡ESTE VAMPIRO ES TOTAL Y ENTERAMENTE VIRGEN!! ¿No tiene ganas de meter su navaja en aquel pequeño hoyo estrecho? ¡¡ÁBRANCE CAMINO EN SU INTERIOR Y DEJEN PLASMADO SU DOMINIO EN ÉL!!-
Yamada: -¡¡¡ ¿QUÉ?!!!- fueron las únicas palabras que pudo pronunciar al intentar digerir lo más pronto posible lo que acababa de oír.
¡No era posible! ¿Acaso sus oídos le habían traicionado? No tuvo que pensar mucho pues, en cuanto la arena se vio nuevamente iluminada, se encontró en el centro de lo que parecía ser un coliseo, alzando la vista, más arriba, una red enorme impedía ver que más había en aquella profunda oscuridad. Ojos celestes se podían divisar a través de la jaula, mirándolo profundamente. Entrando en su piel, penetrándolo. Lo dejaban desnudo y vulnerable. Y no era del todo equivocado, pues al voltear hacia su cuerpo notó como éste carecía de alguna prenda visible sobre la piel, dejando ver su perfecto cuerpo trabajado.
Pudor, desesperación, vergüenza y miedo lo invadieron. Agitaba las manos con fuerza intentando romper las cadenas pero ¡Maldita sea! ¿Acaso estaban encantadas? ¡No!
El uniformado nuevamente habló: -Y ahora… ¡QUE COMIENCE EL JUEGO!- Y al bajar su mano levantada al aire al pronunciar esas palabras, aquellas personas comenzaron a correr hacia él.
Yamada: -¡AHHHHHHHH!- dio un grito desesperado.
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Un minuto estuvo observando la puerta tan fijamente, que incluso la silueta de ésta comenzó a perder forma por tanto que se había sumergido en ella. Pero algo le hizo regresar a la realidad, un grito.
Arioka: -Yamada…- Pronunció apenas en un hilo de voz, abriendo los ojos y dando un paso al frente para tomar la manija pero, se detuvo.
Inevitablemente imágenes de su experiencia en aquel lugar siempre lo invadían y le hacían imposible poder si quiera tocar la manija. Sus dedos temblaban y su cuerpo tiritaba sin control. No había podido superarlo, por más que fingía tranquilidad frente a los otros, nunca había querido regresar a ese infernar lugar donde hace tiempo, él había sido el centro de diversión de todos ahí reunidos.
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Sus ojos intercalaban entre los grilletes y la multitud que con prisa se acercaba a él. Debía escapar, debía de liberarse cuanto antes si no quería ser el bocado de alguno de esos malditos lunáticos que se acercaban como estampida.
Yamada: -¡No! ¡Vamos! – se removía con angustia, rotando su muñeca y provocando con la fricción el sangrado inmediato.
Sus pies tampoco estaban libres. Se mantenían atados con sogas desde el tobillo hasta las rodillas, tan fuertemente apretados que podían verse las marcas surcadas alrededor de las cuerdas. Éstas formaban montículos de carne y piel rojizas, rosadas y finalmente blancas como si poco a poco se hinchara.
Resentía la pérdida de circulación en los pies, pues ya se habían tornado de un tono azulado.
Yamada: -¡¡VAMOS!!- se dio ánimos intentando arrancar con fuerza los grilletes y así poderse liberar más fácilmente los pies. -¡AHHHHHHHHHH!- se sacudía como podía. Y justo cuando sentía que podría liberarse, una ráfaga de debilidad le recorrió desde la cabeza hasta los pies como una corriente repentina de electricidad, un rayo que le dejó sin aliento por unos instantes. Aún se encontraba débil. ¿Débil? ¿Por qué razón? Incluso cuando se desmayó le pareció extraño. ¿Por qué su cuerpo estaba así? Ahora colgaba de los grilletes y su mirada borrosa apenas distinguía la manta rota y sucia sobre la cual se encontraba. Al aclarar nuevamente la imagen, notó las gotas rojizas que aumentaban. Se estaba desangrando debido a la forma tan desesperada en la cual se había movido. No podía perder sangre en ese estado, de lo contrario, se volvería mucho más vulnerable y hasta podría llegar a la muerte.
No podía permitir eso, no moriría en aquel lugar.
Frunció el ceño y mordió su labio inferior, apretando los ojos mientras ignoraba toda bulla proveniente del rededor. Debía pensar en lago pronto, algo que pudiese salvarlo. Algo que pudiese darle al menos la oportunidad de liberarse, algo, lo que sea, ¡Lo que sea!
Demonio: -Te alcancé…- Y aquella voz, fue su perdición.
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Arioka: -¡Vamos! ¡Vamos!- se daba ánimos solo, pero en cuanto intentaba avanzar, el miedo corrompía su ser con fuerza. -¡Agh! ¡Vamos!- sacudió su cabeza nuevamente.
Tenía que apresurarse, su corazón latía desesperado y le anunciaba que si no se apresuraba, se arrepentiría.
Arioka: -¡VAMOS!- se regañó a sí mismo.
Sangre, dolor, miedo… Todo eso invadía su mente. Rondaban una y otra vez burlándose de él cada vez que se acercaba demasiado a ese lugar.
Los gritos, la satisfacción, la voz ronca de sus cuerdas vocales implorando por piedad y porque se detuvieran, mas, no podía ver a nadie que le ayudara.
Por más que alzaba la vista buscando algún aliado, nunca pudo encontrar entre tantos ojos opacos y siluetas desfiguradas por el agua de sus ojos una sola imagen de amistad. ¿Y cómo? Aquellos en quienes había logrado confiar un momento, habían sido los primeros en aventurarse a ir por él como carnada. Pelearon con fuerza dejando a la mayoría inconscientes y cuando llegaron a él, lo tomaron como trofeo ante todos. Desde ese instante, su vida se nubló, su ilusión de algún día poder escapar de ese infierno se perdió, derramándose junto a la sangre que por sus ojos rodó.
Su interior desgarrado, pero no solo físicamente. Su alma también fue perforada por la fuerza de Takaki. Tan fresca la sensación se conservaba en su abdomen, en su pecho y en sus ojos que el sabor sarroso de aquella sangre inundó su boca.
Tuvo que llevar su mano al rostro para cubrirse sus labios y no vaciar lo que su estómago había devuelto, o al menos la sensación fantasma de haberlo hecho. Cayó de rodillas sintiendo la misma debilidad de ese entonces. No quería, no quería entrar.
Arioka: -No… No de nuevo…- sollozo, enroscándose en su cuerpo y abrazándose para intentar calmar su temblor, posando su frente sobre el suelo.- No quiero… No quiero…- su voz se quebró queriendo gritar a todo pulmón, pero algo le mantenía atorado el grito en su garganta.
Yamada: -¡NOOOOOOOOOO!- y otro grito golpeó su cabeza con enorme fuerza.
Arioka: -Yamada…-
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Al alzar la vista, un demonio se encontraba parado al frente de él. Lo peor del caso, es que ahora podía notar algo que hace poco no había logrado. Todos estaban heridos. Las grietas rojas que emanaban sangre podrida, o al menos eso le pareció debido al olor que desprendía, marcaban el cuerpo de la mayoría de los demonios ahí presentes. Y parecía que disfrutaban de ello, pues aquel hombre, porque era hombre, se llevó la mano a la boca y se lamió de una forma tan grotesca que el vampiro tuvo que desviar la mirada para no volver el estómago.
Demonio: -Parece que yo he ganado- su voz era tan gruesa que iba acorde con su apariencia.
Un hombre de mediana edad, con el cuerpo robusto y lleno de músculos que de seguro le impedían flexibilidad y agilidad. Estaba cubierto de bello por todos lados. Una imagen nada agradable, pero el olor era lo peor de todo. Olía a tanta sangre podrida que casi logró desmayar al vampiro. Alguien tan sensible como él no podía estar tan cerca de seres ensangrentados y manchados de locura.
Demonio: -Eres mío-
Al decirlo, el vampiro volteo aterrado hacia donde se encontraba el demonio, abriendo los ojos y reflejando en ellos la mano de aquel hombre acercarse a su persona, pero apenas logró rozar su cabello, fue emboscado por otro más que lo hizo perder el equilibrio y caer a un lado. Éste era tan flaco que sus huesos lograban notarse a través de la piel, con el cabello algo largo y arrugas por todo el cuerpo. Carecía de algunos dientes y su hedor incluso lograba ser visible para el vampiro. Sin embargo, lo que más le causó nauseas, fue ver que este se encontraba totalmente desnudo y… excitado. Aquella cosa asquerosa, escuálida, gélida y negra que se tambaleaba en el medio de sus piernas, se acercó hacia su rostro y chocó contra su mejilla.
Yamada: -¡NO! ¡Qué asco!- retiró su rosto, pero poco pudo hacer para evitar que volviese acercarse y chocar contra su piel.
Pero algo peor sucedió.
Al moverse intentando apartarse de ese demonio, otro más llegó por atrás y lo tomó por la cintura, haciendo que abriera los ojos y dirigiera su rostro hacia atrás. Aquel demonio tenía un cuerpo más grande, gordo, y su miembro era aún peor. Tan grande y derramando algo verdoso por él que le recordó a tantas cosas podridas.
El demonio solo sonrió e hizo un ademán hacia el frente.
Yamada: -¡NOOOOOOOOO!-
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Nakajima: -¡¡YAMADA!!- se escuchó ese nombre resonar en toda la habitación oscura. Sus ojos carmesí brillaban buscando por todos lados para ubicar en dónde se encontraba.
No recordaba nada, pero la tenue luz a un lado suyo le hizo girar la cabeza, encontrando la imagen más enternecedora que podría jamás haber encontrado. Chinen estaba sentado a su lado, recostado sobre la cama y tomando de su mano. Se notaba tranquilo, sumiso, un ángel durmiendo plácidamente. Pero el vampiro recién despierto no estaba del todo ubicado en el ahora, su mente distante no podría quedarse tranquila observando aquella bella imagen que podría no volver a divisar jamás. Estaba preocupado. Un fuerte latido en su pecho le habían advertido del peligro que su amigo podría estar pasando. Un ardor tal, que lo incomodó e inquietó nuevamente.
Se removió de la cama, necesitaba seguir buscándolo. No sabía dónde, pero tenía que buscar la manera de encontrarlo.
La noche ya había caído, y con ello, la profunda preocupación que sentía. Sólo deseaba que su amigo, pese a todo, regresara a casa.
Chinen: -¿Yuto?- habló suavemente al descubrir que su mano no sentía aquella otra mano más grande que la suya, abriendo  los ojos lentamente y buscando en la oscuridad la silueta de quien cuidaba.-Ya… ¿Estás mejor? Me preocupé cuando te desmayaste…-
Nakajima: -No tienes que preocuparte por mí… Es Yamada quien debería preocuparte.-
Chinen: -Me preocupa… pero no veo el caso si quien lo busca también cae débil y no pueda rescatarlo- se levantó intentando hacer el menor ruido posible con la silla, caminando hasta donde Nakajima se encontraba. – Intenta descansar un poco, ya es algo tarde. Dentro de 5 horas comenzará a amanecer y es entonces cuando seguiremos la búsqueda.-
Nakajima: -No lo entiendes Chinen… Mientras más tardemos, más angustiado me sentiré… Yamada… Yamada está en un grave peligro, lo siento… Si no nos apresuramos, temo a que algo grave le pase- su vista se dirigió a la ventana, afilando la vista y viendo en el horizonte perdido en sus pensamientos.
Chinen, por más que odiara admitirlo, sentía ciertos celos. Pero no los celos usuales hacia Yamada, si no, los celos de no poder poner en aquel estado al vampiro si en algún momento llegase a ausentarse. ¿Reaccionaría igual? Estaba completamente seguro que no.
Por más que se había esforzado, había descubierto ya hace tiempo que le importaba más la opinión que tuviese el vampiro mayor antes que la suya. Si Yamada no lo aceptaba, aunque él sí, Nakajima no iría en contra de los deseos del primero. Odiaba eso, lo odiaba, era como si dependiera demasiado del mayor y lo había comprobado recién.
Chinen: -Encargué a mi guardia personal que lo buscara, no te preocupes, todo saldrá bien. Yamada regresará con bien, estoy seguro, no es tan débil.-
Él también lo extrañaba, era su ejemplo a seguir. La fortaleza que Yamada demostraba le hacía sentirse inferior, pero se había propuesto superarlo.
Nakajima: -Yamada…- pero el vampiro alto, no escuchaba otra voz que no fuera la de su consciente diciendo el peligro en el que se encontraba su mejor amigo.
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Su corazón palpitaba. Sus manos sudorosas jalaron con fuerza los grilletes y su cuerpo entumecido finalmente había reaccionado. No, no podía permitirlo. No podía dejarse hacer por aquellos. Sus ojos carmesí se abrieron enormes y… Su cuerpo se abalanzo hacia adelante. Tuvo que usar su cabeza para golpear del abdomen al demonio flaco del frente. Sus manos heridas lograron deslizarse de los grilletes golpeando con fuerza la cama y haciendo que ésta retumbara y cayera al suelo con la fuerza, lo que hizo que las sogas con las que sus piernas estaban atadas quedaran flojas.
Se había liberado, lo había logrado finalmente y aquel golpe había aturdido a los demonios que se encontraban alrededor. Rápidamente tomó un impulso y se dispuso a correr, aunque sus piernas reaccionaron tarde pues seguían entumecidas.
Demonio: -¡Está escapando!- -¡Atrápenlo!- -¡Qué no escape!-
Yamada debía escapar, debía hacerlo. Pero sus piernas le fallaban y pronto se tropezó cayendo de nuevo al suelo.
Los demonios no desaprovecharon la oportunidad y se abalanzaron contra él. La bulla no cesaba, los golpeteos y los gritos pidiendo sangre correr de su orificio virgen.
Yamada lanzó golpes como pudo, sintiendo que algunos les daban pero pronto sus pies y manos quedaron atrapados por las garras de sus perseguidores.
Yamada: -¡No! ¡Alto! ¡Déjenme bola de asquerosas alimañas!- se retorcía, pero ellos no tuvieron piedad y enterraron las garras dentro de su delicada piel que desbordó a  chorros la sangre. El grito ahogado del demonio fue interrumpido por un miembro siendo metido a fuerza dentro de su boca.
Lágrimas rodaban sin cesar sobre sus pómulos, escupiendo e intentando no tragar nada. Le daba asco, quería vomitar, pero si lo hacía aquel maldito y podrido trozo de carne le harían tragárselo de nuevo, aunque preferiría mil veces el sabor de aquello a lo que ahora su lengua estaba sintiendo.
Los demás demonios se deleitaban con el suave cuerpo del vampiro, frotando su miembro en cada parte de piel que podía. Unos habían obligado a sus manos a sentir lo caliente que estaba su miembro, otros más prefirieron haces que los pliegues donde el cuerpo es normal que se doble (codos, rodillas, muñeca) se frotasen contra éstos. Pero la peor sensación que pudo sentir, fue su piel siendo lamida por lenguas, que viajaban por todos lados. Uno de ellos, se detuvo en su miembro y no solo lo lamio, lo succionó y lo apretujó con la mano.
No quería ver, no quería sentir. Su pecho ardía, sus ojos quemaban. Estaba desesperado.
Yamada: “Por favor, ya no más… Ya no más… Paren… No… No sigan… Paren… ¡¡PAREN!!”
Cuando su boca quedó libre y pudo escupir todo lo que tenía dentro, sus ojos ya casi no podían mantenerse abiertos, nublados por la sangre. Su cuerpo poco a poco dejó de sentir el rededor y las lágrimas dejaron de caer. Estaba demasiado débil.
Demonio: -No es suficiente vampirito… Aún no acabamos contigo…- pronunció una voz que le pareció un susurro.
Su vista dejaba de ver siluetas, y aunque su cuerpo ya había sido tirado al suelo y volteado, alzando sus piernas para continuar con su interrumpida acción, el vampiro ya no sentía nada. Ya nada. “Yamada”. Estaba dormitado. “Yamada”. Su respiración se perdía. “Yamada”. La luz se apagaba. “Yamada”.
Yamada: -Da…iki- sus labios pronunciaron ese nombre inconscientemente, y las últimas lágrimas resbalaron por sus mejillas antes de caer inconsciente.
Arioka: -¡¡YAMADA!!-


Continuará.

4 comentarios:

  1. DAIKI!!! PUTOOOO!!!! APRESURATEEEEEE O ME VIOLAN A MI YAMA-CHAAANNNN!!!!

    -Muere junto a Kira-

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    Respuestas
    1. Daiki ya llegó, así que no se violarán a Yamada, tú tranquila~
      Ya publiqué la siguiente continuación ^^7 espero la disfrutes!
      Gracias por la notita!!! *w* <3

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