jueves, 7 de agosto de 2014

In the DRAK cap. 3 Parte 3

BUAJAJAJA adivinen quien llegó con más de esta emocionante aventura!!
Bueno, para las amantes de este fic les anuncio que INTENTARE... repito... INTENTARÉ publicar cada jueves un fragmento, o un capítulo nuevo... Cabe decir que en esta parte se me ocurrió hacer un especial... *w* veré si lo hago, si no, el fic transcurrirá normal y sin contratiempos -si me lo permite el de arriba- xD
Sin más que agregar, les mando besitos y apapachos esperando comentarios sobre lo que opinan ;w;
<3 <3 <3 <3 mi corazón necesita sus opiniones <3 <3 <3 <3
Ahora... A la historia!! -se mete a su ostra- Dejen pegados postick en mi ostrita, que cualquiera es bienvenida *A*!! -de ahora en adelante así le llamará a los comentarios-


Capítulo 3: “Peligro inminente”  [Parte III]

Sus corazones palpitantes apenas podían ser escuchados por sus propios oídos, pero podían ambos jurar que el otro también lo escuchaba. Los labios recién humedecidos del menor, y el suave aliento golpeando contra su rostro. Sus ojos se absorbían, uniéndose en una sola mirada que ninguno de los dos se explicaba. ¿Qué era lo que sucedía? El menor estaba nervioso, mucho más nervioso que el mayor, por más que éste fuese el que había estado en peligro no hace mucho.
Apenas y dio un leve paso para removerse, pues la posición en la que se encontraban era algo incómoda. Movió su mano, volteando su rostro a un lado, con la cara sonrojada e intentando ocultarlo bajo su flequillo, sin mucho éxito pues el mayor ya se había encantado con aquella vista.
Se apoyó con su mano izquierda sobre la camilla y comenzó a retirarse poco a poco, sin embargo, cuando su mano estaba a punto de tocar la cabecera de la camilla con la cual pretendía apoyarse, el mayor simplemente interpuso su mano para tomar la del menor y entrelazarla suavemente con la ajena. Su dedo pulgar entonces viajó por la palma, llegando hasta el dedo índice contrario solamente para sentir el anillo que traía puesto. Sonrió, había encontrado lo que había ido a buscar, además del anillo claro está, una doble victoria audaz.
Aquel movimiento, hizo estremecer al menor, pero lo que más le hizo erizar su piel fue la otra mano del demonio que ya se había posado sobre su rostro, haciéndole girar con sorpresa su cara solo para encontrarse con aquellos labios que ya antes había besado y degustado. Nuevamente se habían unido en un sutil y chispeante beso que a ambos hizo cerrar los ojos, disfrutando de aquel contacto electrizante recorriendo todo su ser.
Movieron ambas bocas, dejando pasar de un lado a otro las lenguas en un baile único. Un baile que se rompió solamente para dejarse tomar aire de vez en cuando y que continuaba sin detenerse hasta necesitarlo nuevamente. La mano fuertemente entrelazada, el brazo libre del vampiro apoyado sobre la sábana blanca mientras el brazo libre del demonio rodeaba su cintura, apegándolo más a su cuerpo. No podían separarse, no querían separarse. Pero ambos sabían que debían hacerlo, pues solo tenían 5 minutos como máximo.
---- ANTES
Yamada: -¿¡QUÉ HACES ACÁ?!- fueron sus palabras de sorpresa, al ver al demonio luego de haber levantado la cortina. Más el demonio no pudo responder, pues se vio tapado de nuevo por la cortina.
Enfermera: -Entonces será así, no se preocupe señorito Chinen, déjelo en nuestras manos- sonrió mientras entraba por la puerta platicando con el vampiro menor. Su actitud claramente iba dirigida a alabarle como la de todos, cosa que a Chinen nada le sorprendía.
Chinen: -De acuerdo… - tomó el brazo y entrelazó la mano de Nakajima, haciéndole sonrojar por ello- Entonces si no hay más que decir, puedes retirarte pequeña enfermerita –sonrió de manera dulce a la enfermera- Yuto y yo queremos ver cómo se encuentra nuestro compañero.-
Enfermera: -De acuerdo señorito, cualquier cosa, hábleme- sonrió reverenciando y saliendo de la habitación.
Nakajima: -Se nota que eres bastante popular Yu… -se detuvo de hablar, había recordado que ya se encontraban en la habitación donde el vampiro mayor les veía- Chinen-kun… -susurró, causando en el menor una ligera mirada de disgusto al haberse detenido de hablarle por su nombre- Por cierto… ¡Yama-chan! –se soltó del agarre del menor de los vampiros para correr hasta donde se encontraba el nombrado, sonriendo pero viendo lo nervioso que de pronto se había vuelto- ¿Estás bien?-
Yamada: -E-Estoy bien – dijo, cuando hace poco había saltado pues habían pronunciado su nombre. Esta reacción además del titubeo hicieron a Nakajima suspirar.
Nakajima: -Nunca has sabido mentirme, ¿Estás bien?- preguntó preocupado mientras posaba su mano sobre la frente del mayor.
Yamada: -Lo estoy… Solo un poco aturdido aún- sonrió, intentando de la mejor manera posible no verse nervioso para no descubrir a quien detrás de la cortina se encontraba.
Nakajima: -Ryo-chan- Iba a tocarlo en la mejilla, sin embargo, otra mano se interpuso.
Chinen: -Dijo que estaba bien, dejémosles descansar…- se notaba molesto, tomándole  por la muñeca y jalando a cuestas al más alto para retirarse a prisa del lugar. ¿Celoso? Posiblemente. Pero no dejaría de cuidar su propiedad ni de bajar la guardia ni un segundo.
Aunque gracias a esta acción, que más tarde Yamada reprocharía, pudieron al fin quedarse solos pese a las quejas de Nakajima. Yamada simplemente se alegró de ello, suspirando aliviado.
Yamada: -Ah… Creí que no se irían… -susurró, posando su mano en el pecho, ya más tranquilo.- Ahora… -frunció el ceño con intenciones de girarse para reprender al mayor. - ¡¿QUÉ HACES ACÁ?!- bufó molesto, sin embargo, cuando estaba alzando la cortina, se vio jalado hacia adelante por una mano que le hizo soltarla y dejarla moverse libre.
El demonio había jalado de él, y como apenas se estaba dando la vuelta, para poder reponer el equilibrio y no caer, tuvo que dar varios pasos hacia el frente.
La posición en la cual habían quedado los estaba haciendo mirarse de frente. Yamada había caído sobre el pecho del demonio, quien apresaba su mano derecha en lo alto. La otra mano del demonio estaba posada a su espalda, recargado en la camilla para no caerse, su cuerpo igual recargado a la orilla y los pies de ambos intercalados unos con otros.
El chocar de las miradas, había provocado un ligero sonrojo entre ambos.
---- AHORA
Ambos labios por fin se separaron por completo, sintiendo el frío del ambiente correr entre ambos. Sus ojos poco a poco se comenzaron a abrir. Yamada, no se explicaba que era lo que le sucedía, solo sabía que el demonio siempre lograba hacerlo caer bajo su hechizo. Y el demonio, solo podía pensar en no quererse apartar del menor jamás. ¿Enamorados? Un amor a primera vista que ninguno de los dos aceptaría tan sencillamente.
Yamada: -A… Arioka- pronunció, aclarando su garganta. –He encontrado tu… anillo- susurró, viendo que el anillo ya había sido retirado de su dedo sin siquiera haberlo sentido.
Arioka: -Lo sé… Gracias –sonrió, mostrando el anillo en sus dedos y bajando pronto la mano para guardar el anillo en su bolsillo. Luego, volvió la mirada al vampiro, sin dejar de verle.
Yamada se sintió un poco incómodo. Los ojos platinados del demonio parecían penetrar fuertemente a través de su carne. Parecía que veía más allá de su cuerpo, como si esculcara a través de sus entrañas y rebuscara aquel Yamada que se ocultaba en el fondo.
Yamada: -D-Deja de mirarme así… ¿Qué haces acá?- estaba desviando la mirada.
Arioka: -Solo vine a buscar mi anillo.- sonrío, estando feliz de haber realizado todo aquello con éxito y sin ningún contratiempo.
Yamada: -Si ya tienes lo que buscaba, entonces ya vete… No te quedes mucho tiempo por acá… -
Las verdaderas intenciones del vampiro, eran advertirle sobre peligro. Más no iba a dejar que el demonio supiese que se preocupaba por él.
Arioka: -Ya encontré el anillo, pero aún falta algo más- sonrió. Cuando estaba en presencia del vampiro, un algo en él le hacía comportarse de manera distinta. Solo deseaba ver sonrojado ese rostro, y no apartar su mirada de ahí.
Yamada: -¿Qué más falta? –Su expresión de exaltación solo significaba que estaba nervioso por lo que le pudiese pasar al demonio, pero éste no se percató de ello.
Arioka: -Esto… -sonrió, acercándose de nueva cuenta hacia los labios del vampiro quien, al contacto, dio un pequeño salto de sorpresa antes de comenzar a corresponder casi instantáneamente al beso.
No, definitivamente ninguno de los dos estaba atento a los peligros que rondaban cerca de ellos.
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Bulla, gritos, raspones, movimientos bruscos. En aquel sitio, todo valía, absolutamente todas las reglas estaban distorsionadas a su gusto y conveniencia. Cada uno de los demonios vivientes en aquel infernal lugar, sumidos en su propia diversión, esperaban ansioso a que el gran juego llegara. Pero, aquel que se supone debía de dar las órdenes no se encontraba presente. ¿Dónde estaba el líder de aquella turba excitada?
Takaki: -¿No deberíamos estar en la arena de la turba excitada?- preguntaba el mayor de los demonios a quien junto a él caminaba.
Yaotome: -No me convence que Daiki se haya ido así como así. ¿No lo viste? Estaba demasiado tenso… -afinó la mirada, desconfiado- Se tramaba algo, y si lo que trama es escapar –sonríe de lado, mostrando un siniestro rostro- No le permitiré dar un paso…-
Takaki: -No creo que sea eso- Susurró para sí mismo, sin ser escuchado por su compañero. –Pero la turba excitada espera. Mejor apresurarse- contempló a lo lejos el edificio, suspirando decepcionado de no poder participar en los juegos que se estaban llevando a cabo.
El camino era largo. Extremadamente largo hacia donde debían dirigirse para encontrar al demonio que por esas horas estaba apenas entrando al dormitorio del vampiro. ¿Un presentimiento? Takaki nunca dudaba de las alertas que tenía Yaotome para con el menor. Por alguna razón estaba inquieto, y podía deducir el porqué, más cuando le vio detenerse en seco haciendo que chocara contra su espalda.
Takaki: -¡Ah! ¿Qué te pasa Idiota?- se quedó un momento en silencio, viendo a donde la mirada del más bajo se dirigía.- Creo que le habías advertido sobre usar sus habilidades en plena luz del día…-
Yaotome: -Nunca me hizo caso… -afinó la mirada, viendo, desde la posición nada cercana al internado, la silueta remarcada de lo que parecía un vórtice en el cielo, absorbiendo a las nubes. -¿Acaso no le habías dicho lo que sucedía si no usaba el anillo que le dimos?-
Takaki: -No creí necesario anunciarle ya que siempre estábamos con él, además me dijiste que no le dijera nada al respecto…-
Yaotome: -¡Idiota! ¡Te dije que no le dijeras sobre la procedencia del artículo, no lo que podía pasar si se lo quitaba! ¡Mira lo que provocas! –comenzó a correr y desplegar sus alas.
Takaki: -¡Oye! ¡No es mi culpa! No pensé que usara alguna habilidad en un lugar así… -susurró, volteando y abriendo un vórtice para introducirse y llegar más a prisa, pues sabían que esa anomalía no iba a pasar desapercibida por los espectadores cercanos, es decir, los guardias.
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Nakajima: -¡Chi-chinen-kun! Suéltame… Tengo que ver cómo se encuentra Yama-chan –forcejeaba intentando liberarse del menor quien lo tenía fuertemente apresado de la muñeca.
Chinen: -¡Ni hablar! ¡No verás a Yamada hasta que yo te lo ordene! –bufó como último mandato antes de detenerse bruscamente y casi caerse, siendo sostenido de los hombros por Nakajima que había evitado su caída.
El motivo por el cual había ocurrido eso era que una docena de guardias se dirigían a prisa hacia la enfermería donde no hace mucho se encontraban. Lo peor era que no solo 12 personas habían subido por las escaleras y corrían por los pasillos, otro grupo se dirigía desde el techo para intersectar a sus compañeros.
Guardia X: -¡Vamos!-
Chinen: -¡¿Q-Qué rayos pasa acá?!- exigió respuesta por parte de uno de los uniformados.
Guardia X: -Hay actividad demoniaca, por favor señorito, diríjase a un lugar seguro.-
Chinen/Nakajima: -¿Actividad demoniaca?-
Ambos se miraron, perplejos ante las palabras del guardián. Pero el rostro del más alto se vio asustado y preocupado de pronto.
Chinen: -Yuto… es hora de que veas a Yamada- susurró, siendo correspondida esa orden con un ademán de afirmación del más alto. Ambos chicos se dirigieron a prisa hacia donde los guardias se aglomeraban.
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Yamada: -A… Arioka- rompió el beso que hace poco habían comenzado.
Arioka: -¿Mmh?- se acercó nuevamente a él, buscando una vez más sus labios.
Yamada: -E-Espera… Arioka… Algo no anda bien… -susurró- Algo me inquieta…-
Arioka: -¿El que yo esté acá? O el que tus amigos vuelvan pronto…- le miró, sin apartarse de esa cercanía, siendo alejado por las manos del menor.
Yamada: -No es eso… No me siento del todo bien- suspiró. La debilidad de nuevo le invadía. ¿Acaso estaba teniendo una recaída de la vez que se enfrentó al vampiro menor? No podía ser posible, sin embargo, no se había sentido tan fatal luego de aquel suceso.
Arioka: -¿Yamada? Oye… ¿Yamada? –comenzó a sacudirlo levemente, pero el menor comenzó a desvanecerse entre sus brazos, finalmente desmayándose. -¡Yamada!- lo sostuvo con más fuerza.
Poco a poco dejó que el cuerpo del vampiro se deslizara por el suelo, hincándose él a la par para dejarlo ahí, sin embargo, antes de poderse preocupar más por él, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Al girar su cabeza hacia la puerta, pudo ver a través de ella como si fuese de cristal, los pasos sigilosos de los guardias acercándose. Al dirigir su vista hacia arriba, había guardias acostados como esperando el momento de intervenir, y al ver por la ventana, podía saber que abajo también estaban amontonándose. Pero lo que le hizo reaccionar al fin, fue que pretendían lanzar una especie de bomba granada de seguro hecha con hechicería potente para acabarlo. El vampiro estaba en peligro.
Sin dudar ni un segundo más, tomó al vampiro entre sus brazos y liberó sus alas. Los cristales retumbaron y la puerta pronto tuvo que ceder ante la presión del aire con que las alas abatían dentro de la habitación. Tanto los cristales como la puerta se vieron fuertemente empujados, y prácticamente salieron disparados cuando el demonio alzó el vuelo, protegiendo su cuerpo con el cuerpo de las alas y finalmente saliendo de aquel minúsculo cuarto, deteniéndose sin embargo al frente de un gran árbol donde un arma gigante se disponía a dispararle.
Todo parecía haberse detenido, los movimientos en cámara lenta. Su respiración agitada, el aleteo de sus alas, las voces al fondo y entonces, el arma siendo accionada. Apenas parpadeó dejando caer su cuerpo en un instante, rozando aquella bala por la punta de sus cabellos y entonces… no explotó. Arioka retuvo el vuelo nuevamente, viendo que al parecer la bala estaba hecha para impactarse contra ellos, pero si impactaba contra otro ser, solamente era como un balón lanzado que no hacía más que rebotar en el cuerpo o lugar en el cual había caído.
No podía quedarse admirando ni un minuto más, y con el vampiro en brazos, dio un aletazo más para subir a toda prisa y divisar la salida.
Los disparos no se hicieron de esperar, y entre aquella lluvia de balas, se oyó un grito proveniente de la habitación con cristales rotos.
Nakajima: -¡YAMADA!- el menor gritó desesperado al ver como su mejor amigo yacía inconsciente entre los brazos de aquel maligno ser, dirigiendo una mirada de odio hacia quien ahora le veía. -¡No! ¡Yamada! ¡YAMADA! –casi se lanzaba por el balcón, pero fue detenido por el menor.
Chinen: -¡Yuto! ¡Cálmate!... Ustedes no se queden ahí parados… ¡Hagan algo!- exigió el menor hacia los uniformados.
Guardián Y: -Nuestra prioridad es capturar al demonio… Vivo o muerto- fueron palabras secas que resonaron en los oídos del vampiro alto.
Aquella orden, esa maldita orden que significaba que no importaba si tenía de rehén a Yamada, de ser necesario, matarían a ambos con tal de capturar al demonio.
El semblante de Nakajima se rompió. Era como si su alma hubiese desaparecido de su cuerpo, pues ahora verdaderamente podía ver a su amigo morir sin poder hacer nada.
Sus piernas flaquearon, su mirada se vio nublada y sus puños apretaron con fuerza la ventana con restos de cristales rotos, hiriendo su palma y dejando ver finas gotas de sangre deslizarse por su piel. El vampiro menor se mantuvo callado, sin saber que palabras decirle al mayor. Simplemente giró su rostro viendo con desprecio a todos los guardianes mientras abrazaba con fuerza la cintura del menor. La sentencia de Yamada estaba escrita.
Nakajima: -Los… Los odio… Nadie… Nunca nadie me ofreció su apoyo –su voz temblorosa apenas podía escucharse, pero era bastante clara para quien en esos momentos más cerca se encontraba.- Nunca nadie me miró… nunca nadie me prestó atención… No le importé ni siquiera a mis padres quienes me mandaron lejos de su vida… Ellos me odiaban por haber nacido en la clandestinidad… por ser alguien indigno… Pero eso… Pero eso no le importó nunca a Yamada –lágrimas agrias resbalaron por su rostro- Eso nunca le importó… Él simplemente me aceptó por ser como era… Me protegió aunque de eso dependiera su vida… Él… Él incluso se sacrificó por mí… No puedo… No puedo dejar que muera… -alzó la vista empapada en lágrimas- ¡YAMADA!-
El vampiro menor simplemente sostuvo fuerte al mayor, apretando sus ojos con fuerza. Aquella confesión le había hecho ver que Nakajima no era diferente de él. Ahora comprendía porque quería tanto al mayor, y porque podía estar seguro que a él le quería de manera sincera.
Chinen: -Y-Yuto…-
Nakajima: -¡Suéltame Chinen! ¡Tengo que ir… tengo que ir! ¡Yamada! ¡Yamada está en peligro!-
Chinen: -¡Cálmate! ¡Si vas también te matarán!-
Nakajima: -¡No me importa! Chinen… Yamada no puede morir… ¡Yamada es mi todo! Sin él… sin él… ¡Sin él no podría vivir! –gritó sin dejar de ver al menor a los ojos, con la mirada empapada en llanto.
Estas palabras no solamente fueron una sorpresa para el menor de los vampiros, si no para el demonio que había retrocedido debido a los disparos. Ambos miraron a Nakajima, aunque el demonio no pudo seguir observándole, pues una bala pasó rozando muy cerca de su rostro, provocándole una herida.
Al volver la vista hacia abajo, el corazón del demonio se detuvo.
Era casi imposible escapar en su estado de aquella lluvia de balas. Debido al cuerpo extra que debía cargar, no podía volar a gran velocidad para escapar, y si daba un aletazo fuerte, podría perder el equilibrio y caer al suelo ya que aún no controlaba el vuelo perfectamente.
Tragó saliva. Era él, o el vampiro. Si soltaba el cuerpo del vampiro, lograría escapar, más si lo usaba como protección ante las balas. Sí, esa estrategia debía de haber pasado por su mente, pero no. No podía pensar en ninguna alternativa donde él se salvara a costa del menor. Solo pudo pensar en una alternativa al ver las balas acercarse.
Arioka: -Yamada…- susurró, abrazando el cuerpo del vampiro hacia su pecho y envolviendo como pudo con sus alas al menor, protegiéndolo. Sus alas eran capaces de proteger y detener aquellas balas, pero dejaba desprotegido su cuerpo en la parte posterior. No pudo pensar en nada más, estaba contra tiempo y su mente solo pudo darle solución para salvar al vampiro, cosa que no pasó desapercibida por el vampiro mayor al ver esa imagen.
La lluvia de balas oscureció por un momento la vista del vampiro alto, y un grito de desesperación resonó en todo el internado. Un “no” que dejó paralizados a la mayoría de los vampiros de sus actividades, dirigiendo la mirada hacia donde el grito provenía.
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Tal vez es tarde para advertir que la sombra de la muerte siempre estará acechando a los protagonistas, pero no es tarde para advertir que la vida continúa, aún si la muerte llega antes de lo previsto.

CONTINUARÁ

1 comentario:

  1. Para que no te sientas solita, suelo comentar en jumpingdreams, ya que Kira nos hace llegar este maravilloso fic así que he decidido que comentaré aquí también...
    Me encanta, me gusta tanto este fic... maravilla
    Tu forma de escribir es muy buena y tienes muchísima imaginación.
    El imaginar el momento en que Daiki cubre con sus alas en cuerpo de Ryosuke para protegerlo, es taaaaaaan hermoso, casi me hace llorar, lo he podido imaginar tan bien.
    Y la confesión de Yuto sobre porque es tan importante Yamada para él ha sido preciosa.
    ¿Quien gritaba no al final? Me has dejado con la intriga, eres mala llorar , pero aun así me encantas...
    Nos leemos

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