jueves, 6 de noviembre de 2014

In the Dark cap 5 parte 3

Hola.... Muy buenas noches y me inclino pidiendo disculpas por no haber publicado antes ;A;!!!
Bueno, les traje la siguiente parte de ITD, espero les guste...
Para que sientan el ambiente de mejor manera, pongan música de piano, es la que me ayuda a escribir y funciona para todo *A*! Particularmente en este cachito, escuché "2 hours of Dark music" >w<... si quieren busquela *A* está en youtube xD... jajaj ya, disfruten mucho este cachito!!
Dejen postick *A*!!

Capítulo 5: “Palabras Mudas”  [Parte III]

Las manecillas del reloj avanzan con rapidez. Afuera el sol rojizo ilumina el cielo cayendo suavemente por el horizonte. Varias sombras recorren por las paredes, los techos, el suelo. Esa ciudad no es particularmente calmada, siempre hay movimiento.
Algunos pasan desapercibidos mientras otros son tan llamativos por los accesorios que adornan sus cuerpos, que es imposible no verlos. Las personas comunes temerían, mas no así los residentes particulares de ese lugar. Vampiros por todas partes.
La ciudad estaba dividida de la siguiente manera: El centro estaba diseñado para ser una gran capital constituida de todos los edificios modernos combinados con estructuras medievales. Algo tan hermoso de ver que era imposible creer que pudiese existir. A los costados superiores, se levantaba la zona mundana cerca de los bosques de pinos Albinos (Debido a su color blanquecino que tomaban cuando era temporada de caza), también conocido como “Bosque rojizo” (esto por la sangre que los tiñe en esa época). Acá es donde el límite se establece entre esta tierra y la de los cazadores. A los costados inferiores se encontraban los dominios de los licántropos que habían decido ir a servir al reino de los vampiros, o habían sido obligados. En este distrito, se aglomeraban pequeñas chozas parecidas a unidades habitacionales. Aunque vivían de un modo pacífico, no es que estuviesen interesados en pertenecer a ese reino, por lo que se mantenían distantes y absortos a sólo permanecer en aquel sitio. Y más allá, en las partes bajas y suroestes de la provincia de los lobos, se encontraba el internado para demonios.
Ahí, en aquel lugar sombrío, se encontraba encerrado un pequeño secreto que nadie debía saber. Nadie, absolutamente nadie.
Yaotome: -No se volverá a repetir…- se encontraba de rodillas, apretando con tanta fuerza sus puños que el color blanquecino en la punta de los dedos se podía notar.
Director: -Eso espero… Odio que las cosas se salgan de control.- Aquel hombre, no era mucho más alto que el mayor de los demonios, sin embargo, era mucho más poderoso.
Conocido como el Rey de las tinieblas, manchaba su nombre con las múltiples muertes y mutilaciones a los demonios rebeldes. Era él quien se encargaba de la cacería de los demonios junto a Licaon, el líder de los licántropos.
Nunca tuvo ninguna razón para entrar a ese trabajo mas que el deseo de dominación. Crueles eran sus métodos de tortura y disfrutaba de una manera sádica lo que sucedía. Sin embargo, tras haber sucedido todo lo relacionado con Chinen fuera de las instalaciones, había sido llamado y reprimido por Vladimir al verse su nieto en peligro. Jhoret, como era conocido aquel hombre, odiaba ser humillado, y más por su hermano Vladimir. Lo odiaba con tanta intensidad que no le había importado haber engañado a aquel buen hombre con la razón más egoísta del mundo: Dar a entender que los vampiros son la raza suprema y que los demonios son seres peligrosos que desean matar a todo aquel que se les ponga en frente, vistiéndose con una fachada de personas normales.
Jhoret, en unión con Licaon, planearon encerrar a todos los demonios que pudiesen encontrar y reprimiéndolos de la manera más grotesca para que obedezcan sus órdenes. Sin embargo, no sabían que aquellos demonios eran tan difícilmente controlados que jamás cederían ante una orden tan poco llamativa.
Así, cuando llegaban a cierta edad en la cual podrían controlar de mejor manera sus habilidades, los intentaban convencer, no lográndolo, y sacrificándolos debido a su ineptitud y manera de ser de los demonios.
Eso sucedía de igual manera si alguien lo hacía arrodillarse y pedir clemencia a su hermano, e incluso peor.
Quienes habían logrado aquello, eran los chicos que ahora se encontraban al frente suyo. Yaotome y Takaki.
Yaotome: -No estábamos conscientes de lo que sucedía, ni tampoco de quien era aquel chico.- se justificó.
Director: -¡¿Y CREES QUE ME IMPORTAN TUS EXCUSAS?!- alzó su robusta y pesada mano y la plantó del lado del dorso justo en la mejilla derecha del demonio, haciéndolo girar casi por completo su cuerpo y viendo unas gotas de sangre fluir desde su nariz y comisura de sus labios. –Además… No has respondido a mi pregunta… ¿Quién fue quien los sacó? ¡¡Quién se atrevió a violar las normas y los sacó!! ¡¡DIME!!-
En efecto. Lo que nunca notaron ni Yaotome ni Takaki fue aquel campo de fuerza que recubría el internado. Si lo hubiesen sabido, jamás le hubieran enseñado al menor las maneras de salir, pues ahora ya habían demostrado que poseían cierto grado de poder superior a los demás demonios, lo que los había hecho estar en la mira.
Yaotome: -No… No está ahorita en el internado- musitó apenas. Debía de mentir, pero sus excusas ya se habían acabado y el sabor ferroso en su boca poco le ayudaba a concentrarse en otra cosa que no fuera el dolor.
Director: -Aquel chiquillo, Arioka, fue descartado de esto porque ustedes me dijeron que simplemente fue atacado. Y como muestran los videos, es cierto… Lástima que no pasó lo mismo con ustedes dos.- sus labios se fruncieron, intentando ocultar una sonrisa perversa detrás de ello.
Yaotome: -Sí… Es cierto.-
Director: -¿Pero sabes algo? A mí no me pareció que Arioka fuera atacado simplemente.-
Yaotome: -¿Eh?- finalmente alzó la vista sorprendido a lo que sus oídos escuchaban.
Director: -Arioka… ¿No llevaba al vampiro entre sus brazos y se los entregó? ¿Por qué… hizo aquello? Acaso… Arioka… ¿Está del lado de los vampiros?- nuevamente aquel gesto se divisó sobre sus labios. -¿Un demonio del lado de los vampiros? ¿Es eso cierto?- su carcajada entonces no pudo contenerse, riendo a pierna suelta mientras el demonio se limpiaba su sangre. -¡No me hagan reír! ¿Acaso piensa que se tendrá mayor clemencia así?- nuevamente una risa burlesca se oyó -¡¡Qué idiota!! ¡¡Los demonios jamás serán más de lo que son ahora!! ¡¡Perros!! ¡¡UNOS PUTOS PERROS RASTREROS EN UNA PERRERA DONDE TERMINARÁN SUS DÍAS!!- la risa resonó tanto en los oídos de Yaotome, que éste tuvo que cubrirse su oído más cercano al director con la palma de su mano. –Ah~ que gran momento me han dado… Pero… -su voz se engruesó- No será suficiente…- sus ojos cargados de ira se dirigieron hacia Yaotome, quien al verlo cruzando las miradas, dejó escapar un leve temblor de su cuerpo y una gota de sudor resbaló por su frente.
El director chasqueó los dedos y pronto se vio siendo azotado el cuerpo de Takaki contra la pared, arrinconado por dos de los oficiales más fuertes del lugar y arremetido con una lluvia de golpes sobre su abdomen, pecho, costados y rostro.
Yaotome: -¡TAKAKI!- gritó estirando la mano sin conseguir nada, pues su cuerpo fue inmediatamente sacudido. Había sido pateado en el abdomen por el director.
Una presión recorrió desde su estómago hasta su boca en un segundo. Nuevamente el sabor ferroso inundó su boca y tuvo que expulsarlo con fuerza al suelo. Por inercia había cerrado los ojos, pero en cuanto oyó un grito ahogado de Takaki, tuvo que voltear enseguida y abrir los ojos.
El demonio mayor se encontraba tirado sobre el suelo, siendo pateado y pisado por todos lados por aquellos mastodontes que de seguro no tendrían ninguna oportunidad contra ellos si se pusieran serios, pero no era el momento ni el lugar indicado.
Cuando la cabeza del demonio cayó haciendo un sonido seco y ahogado, quedó por un leve segundo el lugar en silencio, siendo roto ese momento cuando un pie pisoteó con tal fuerza el cráneo del mayor que casi dio la impresión de haberse roto, mas no fue así.
Yaotome: -¡¡Basta!! ¡¡Takaki!!- intentó levantarse, pero aquel error fue lo que lo hizo ser empujado contra la pared de una manera tal que su cuerpo entumeció por unos instantes.
Director: -Escúchame bien Yaotome… No sé cómo es que han podido escapar tan fácilmente de la barrera… Pero si acaso esto vuelve a suceder… Me aseguraré de que tú, aquel… -señaló con su vista a Takaki- O cualquier otro demonio que se atreva a desobedecer esta orden, sea ejecutado en el acto… ¿Entendiste?- los ojos vacíos del director demostraban que no estaba bromeando ni jugando. Asintiendo Yaotome enérgicamente con un temblor sobre sus labios. –Perfecto… eres un buen perro…-
Pero la tortura no terminó ahí.
La cabeza de Takaki fue liberada de la pisada, haciendo que mirara al techo y notándose un chorro rojo salir de su nariz, otro más de la herida fresca sobre su frente y unas cuantas gotas resbalando desde su oído hasta su cuello y nuca. Apenas parpadeó de nuevo, fue arremetido nuevamente con la pisada, sintiendo que su respiración se perdía entre tanta sangre y que sus pulmones ya estaban bastante llenos de ella. Elevó sus manos intentando apartar el pie, pero en cuanto logró encontrar el zapato, éste se alejó y volvió a pisotear con la misma fuerza su rostro unas 10 veces seguidas. El otro oficial arremetió de la misma forma pero hacia su estómago, como si matara un bicho rastrero, pues incluso enterró el talón con tanta fuerza que casi sentía cómo el cuerpo del demonio cedía para que su pie tocase el suelo.
Yaotome, por otro lado, estaba siendo arremetido con puñetazos en el abdomen nuevamente cual saco de arena. Y aunque sus manos hacían un intento vago por defenderse, sentía que más de un hueso había sido roto en éstas y poca resistencia le brindaba. Si tan solo hubiese sido en el abdomen, todo estaría bien, pero el director no podría conformarse sólo con eso y tomando de los cabellos al pequeño demonio, lo impulsó con fuerza hacia el suelo restregando su cara contra éste y moviendo su mano sobre la nuca como si aplanase algo, dejándole prácticamente inconsciente y sobre un charco de sangre.
Takaki: -Hi… Hika… ru…-
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Su cuerpo se sentía pesado. Sus ojos estaban cansados pero no dejaría que su mejor amigo se quedase solo, no, claro que no. Se llevó las manos a sus mejillas y las golpeó tantito para mantenerse despierto, aunque no sirvió de mucho pues no tardó en acomodarse a un lado de la cama y comenzar a dormitar.

Yamada, se mantenía tranquilo superficialmente, pero en su interior, una serie imágenes lo invadían.
Por más que corría y corría sin razón aparente, sus piernas se sentían pesadas como si estuviera envuelto de grilletes. Al mirar hacia abajo, notó sus pies totalmente marcados de líneas moradas. Sangre drenaba a chorros por estas finas líneas y le hacían sentir más débil a cada paso que daba. Pronto se vio atrapado en una especie de pantano con la sangre coagulada, siendo más y más difícil avanzar. Un paso más, y sintió su cuerpo caer y hundirse en aquel pantanoso lugar. La respiración le faltaba, sus movimientos eran pesados y aunque intentaba regresar a la superficie, estaba siendo succionado hacia el fondo.
Su desesperación crecía, no podía salir. Estirando sus manos hacia arriba, intentando sostenerse de algo. Y entonces, oyó el chocar de algo metálico. Cuando abrió los ojos, una luz le hizo volver a cerrarlos casi al instante intentando llevar sus manos hacia su rostro para cubrirse y entonces, aquel chirriante sonido de algo metálico balanceándose volvió a escucharse.
Al alzar la vista de nuevo, vio sus manos apresadas. Aquellas cadenas no estaban unidas a nada y sin embargo, no podía jalarlas.
Por más que gritaba nadie lo escuchaba. Ni Nakajima, ni Chinen. Todo alrededor comenzaba a oscurecer, la luz desaparecía poco a poco y él… tuvo miedo. Un miedo incontrolable se apoderó de su ser, no quería que la luz desapareciera. No quería que se desvaneciera, e incluso gritaba al cielo para que no lo hiciera, pero sus súplicas no fueron escuchadas y… se esfumó.
Envuelto en completa oscuridad, sus sollozos eran escuchados. Una risa se oyó a su espalda y él volteó. Nada. Otra risa se oyó, pero al voltear tampoco encontró nada. No quería estar ahí, no quería estar solo.
Una nueva carcajada se escuchó y cuando finalmente volteó, millones de ojos azulados lo observaban desde las penumbras con hambre. “¡NOOOOOO!”.
Aquellos ojos, extendieron manos que comenzaron a tocarlo. Su cuerpo estaba comenzando a ensuciarse, a oscurecerse. Aquel asco se atiborraba en su boca y deseaba sacarlo con fuerza, pero su boca estaba bloqueada, ¿con qué? Al abrir los ojos nuevamente se vio envuelto en cuerpos desnudos, unos esqueléticos y otros demasiado llenos. Pero lo que más le aterró, fue los miembros alzados que se acercaron con rapidez hacia él. “¡NOOOO!” volvió a gritar y ellos se comenzaron a deslizar en su piel. “¡NO! ¡POR FAVOR! ¡BASTA! ¡BASTA!”. Pero uno de esos le hizo callar al ser metido con estrépito a su boca, sintiendo que casi se lo tragaba al llegar a su garganta y luego, uno más grande, se posicionó justo a su retaguardia.
Sus ojos se abrieron como platos y su cuerpo se tensó. Aquella cosa se curvó hacia atrás y luego se inclinó hacia adelante.
Yamada: -¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!- se levantó de repente.
Nakajima: -¡¡Ah!!- un susto tan inmenso se llevó, que al caer de la silla aún no recuperaba el aliento ni el color.
Yamada: -¡No! ¡NO! ¡NO! ¡NO!- Desesperado, comenzó a arrancar los cables y deshacerse de las cosas, empujando y tirando todo.
Nakajima: -¡YAMADA!- al ver que su amigo había reaccionado, se levantó presuroso. Sin embargo, no imaginó jamás verlo así. -¡Yamada! ¡Yamada!- intentó alcanzarlo, pero en cuanto sostuvo su mano, éste la aparto tan bruscamente arañando a Nakajima.
Yamada: -¡Aléjate!-se retorció e intentó buscar algo, lo que fuese estaba bien para atacar.
Nakajima: -¡Yamada!- nuevamente intentó acercarse, pero esta vez se alejó cuando vio el cuchillo casi ser insertado en su cara. -¡Yamada!-
Finalmente los doctores llegaron entrando por la puerta. Chinen les acompañaba y al ver cómo Yamada se abalanzaba contra Nakajima con el cuchillo, el menor se lanzó hacia él.
Chinen: -¡¡Yuto!!- gritó, tacleando a Yamada y cayendo a un lado de la camilla.
Rodaron unas cuantas vueltas y Chinen terminó por sostener la muñeca del mayor de los vampiros, tomando el cuchillo y apretándolo con tal fuerza que la sangre comenzó a correr.
Yamada: - ¡No! ¡No! ¡Déjame! ¡Déjame! ¡SUÉLTAME!- gritaba frenético e intentaba soltar del agarre su arma, sin caer en la cuenta aún, pues ante los ojos de Yamada, quien estaba sobre él no era chinen, si no, un cuerpo que quería comérselo con los ojos azul platinado.
Chinen: -¡Yamada, suéltalo!-
Doctor: -¡Señorito!- gritó desesperado yendo a su búsqueda mientras la enfermera iba a ver si Nakajima se encontraba mejor, aunque él sólo reaccionó cuando finalmente la enfermera lo tocó por el hombro.
Yamada: -¡NOOOOO!- abrió los ojos y jaló el cuchillo liberándolo de la palma del menor, quien se quejó y retiró la mano. -¡¡Ahhh!!- y luego, volvió a lanzarlo contra Chinen.
Sin embargo, al ver esta acción, el menor desvió la mano de Yamada y empuñó su mano para golpearlo con fuerza, que en cierta forma fue por inercia.
El sonido hueco dejó un eco en la habitación, quedando todo tranquilo.
Nakajima: -¿Ya… Yamada?-
Al darse cuenta de lo que hizo, Chinen dio un leve salto.
Chinen: -¿Yamada? Oye… Yamada… ¿Yamada? Oh, no… Ya… Yamada… ¡Yamada!- comenzó a sacudir el cuerpo inconsciente de Yamada, siendo detenido por el doctor y apartado para ser llevado afuera junto con Nakajima.
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El silencio del lugar se había hecho presente. El vampiro menor veía en silencio la venda que le había colocado el doctor moviendo su mano para ver si no se detenía la circulación por lo apretada que podía estar, no, al menos estaba bien.
El vampiro alto veía a través de la ventana la silueta dormida del vampiro mayor.
Nakajima: -Por… ¿Por qué lo golpeaste? Ya estaba mal… Yamada… podría volver a tardar para despertar.-
Chinen: -No iba a dejar que me enterrara un cuchillo- apenas respondió, afligiendo un poco el ceño -¿Acaso planeabas que le lastimara?-
Nakajima: -No lo hubiera hecho si no hubieses interferido…- dijo casi secamente.
Chinen: -¿Qué? – alzó la mirada sólo para centrarla en el más alto, sin entender bien por qué había dicho aquello. -¡¿Qué?! ¡¡Yuto!! ¡Estaba a punto de lastimarte!-
Nakajima: -¡Claro que no! ¡Yamada nunca me lastimaría!-
Chinen: -¿Ah, sí? No me lo pareció… ¡Te iba a enterrar el cuchillo!-
Nakajima: -¡Estaba asustado! Si me hubieran dejado, yo lo hubiera calmado…-
Chinen: -¡Claro que no! ¡Si no hubiésemos llegado a tiempo, tendrías un cuchillo en el pecho! ¿Acaso eso sería bonito?-
Nakajima: -¡No me lo iba a enterrar! Yamada… él… estaba asustado… -sus uñas arañaron el cristal cuando sus dedos se flexionaron sobre éste- Ryosuke… No sería capaz de lastimarme… sé que se hubiera detenido, porque siempre me ha protegido… jamás me hubiera lastimado- sus ojos entristecieron. -¡No tenías por qué haber interferido! ¡Yamada está de nuevo inconsciente y no sabemos cuánto pase para que abra de nuevo los ojos!-
El vampiro menor, simplemente no lo resistió. Se había abalanzado contra Yamada y su mano hacía sido herida en el forcejeo por arrebatarle el cuchillo, sin embargo, Yuto había pensado solamente en la condición de Yamada. Estaba comenzando a cansarse, demasiado. ¿Acaso no veía lo que él hacía por ayudarlo? Tal parecía que no. Se había sentido egoísta y se había deprimido por sentirse así en esos momentos, pero, todo tenía un límite. Era cierto que se preocupaba por Yamada, y lo quería, lo sabía. Pero Yuto estaba siendo más egoísta que él al sólo preocuparse por Yamada de esa manera y acusarlo así.
Chinen: -Yuto… No fue un golpe demasiado fuerte como para romperle el cráneo. Tampoco dijeron que había empeorado.- dijo casi entre dientes- ¿No estás siendo demasiado dramático? Yamada soporta más que eso, lo sabes… Él es fuerte, sé que despertará pronto porque…- pero antes de seguir hablando, fue interrumpido.
Nakajima: -¡¡ ¿Cómo estás tan seguro de eso?!! ¡¡Tú no sabes en qué condiciones quedó Yamada luego de casi haber muerto una vez!! Su estado es muy frágil… Él puede…. Él puede morir en cualquier momento… Yo… Yo no lo resistiré… Si él muere… Yo…- sus ojos se habían agüitado. No podía vivir sin Yamada, pues él representaba una parte importante de su vida, de su familia.
Chinen: -No…- sus ojos se abrieron cada vez más al escuchar a Yuto decir aquello.- ¡No!- lanzándose contra la espalda del alto para abrazarlo -¡No digas eso! Por favor yuto… No lo digas… No lo digas… No digas que quieres morirte… no lo digas… ¡No seas egoísta!-
Nakajima: -¡¿Egoísta yo?!- Aunque estaba siendo abrazado por Chinen, ni siquiera había sentido aquel contacto. Incluso podría decirse que se sintió por un momento… angustiado. Al darse la vuelta, empujó a Chinen y le sostuvo la mirada- ¡Yo no soy el egoísta! ¡Eres tú!- le reclamó- Si no hubiese sido por la pelea pasada… ¡Yamada no estaría debilitado! Él no se había recuperado por completo… Constantemente se estaba revisando, se checaba los signos y esperaba que todo fuese normal pero tal parece que no… Si no hubieses hecho lo que hiciste aquella vez… él… él… él probablemente hubiese resistido ahora…- el alto ya no estaba razonando. Sólo quería echarle la culpa a alguien y deshacerse de aquella opresión en el pecho por no haber hecho algo para salvar a Yamada. Si tan solo pudiese ver que quien menos necesitaba ser culpado de algo era Chinen.- Tú nunca has querido a Yamada… Tú nunca te has preocupado por él… -sonrió de lado, y aunque el menor pretendía responder, simplemente no sabía con qué. –Tú… Yamada tenía razón… Eres alguien egoísta, engreído, que hace lo que sea para llamar la atención… Lo que sea… Incluso… fingir que Yamada te importa…-
Chinen: -¿Qué…?- aquello, comenzaba a doler. Podría aceptar las palabras de cualquiera, y no le importaría. Podría aceptar cualquier crítica de cualquiera, menos de él, no de Yuto.- ¿No me importa?... ¡¡¿De qué me serviría fingir que alguien me importa?!!-
Nakajima: -No te hagas el idiota… Sabes que es por mí…- sus labios se fruncieron, y apartó la mirada- Lo que sientes por mí… no es real…- Al fin había dicho lo que tanto había ocultado.
Chinen: -¿Qué intentas…?- su voz comenzó a temblar.- ¿Qué estás diciendo? ¿No es real? ¿No crees en mis sentimientos?... Aunque… te hubiese dicho tantas veces que me gustabas y… que… te amaba… ¿no me lo creías?-
Nakajima: -Yo te hechicé…- apretó sus puños.- Chinen… Lo siento… Pero ya me he cansado… -Apretó los ojos.- El juego ha terminado… Simplemente no puedo soportarlo… El que estés ahí, todo el tiempo, diciendo que me amas… Ya me harté… No lo soporto… No así… Siendo como eres, tan centrado en tu mundo… -incluso dudó de decirlo, arrepintiéndose- Ya no puedo seguir con esta farsa.-
Las palabras de Nakajima, eran verdaderamente sinceras. Pero la desesperación que sentía era más bien por estarse mintiendo a sí mismo que otra cosa, y remordimiento por mentirle a Yamada tanto tiempo.
Chinen: -¿Harto? ¿Realmente… harto?- no podía creerlo. Sus ojos ya no resistían el llanto. -¿Te he cansado? ¿Te has hartado? ¿Falsedad? ¿De qué… me hablas? ¡¡¡ ¿ACASO NO FUISTE TÚ QUIEN ME DIJO QUE ME AMABA POR LO QUE ERA?!!! ¡¿Fue mentira?!-
Nakajima: -No… No lo fue…- apenas dijo.
Chinen: -¡ENTONCES NO ME SALGAS CON ESTAS ESTUPIDECES! ¿Qué estás harto? ¿Qué mis sentimientos son falsos? ¡Yo sé lo que siento! ¡No me vengas a decir que son falsos porque nadie más que yo sabe perfectamente lo que es real y lo que no!-
Nakajima: -¡Es falso!- repitió nuevamente.- ¿No lo comprendes? ¡Deberías saberlo! ¡Más tú que estás rodeado de falsedades!-

Y eso, calló definitivamente al más bajo.

Un momento de silencio quedó suspendido en el aire. Su corazón había soportado tanto, tanto desde que era pequeño.
Ambos eran similares. Ambos habían sido abandonados por sus propias familias. Ninguno había sentido el calor de un verdadero hogar. Siempre solos. En el desayuno, en la comida, en la cena, en el juego, en la casa, en su cuarto. Sintiendo el vacío que aquello dejaba, pero el cambio erradicaba en que Nakajima había encontrado a Yamada.
La cruel realidad era que Chinen continuó su camino solo. Acorralado en una vida llena de sentimientos egoístas que inundaban cada pared de su casa y aunque él había sido criado así, nunca dejó de lado la posibilidad de encontrar a alguien que lo viese. Alguien que se percatara de su presencia, que lo amara y protegiera. Él había continuado solo.
Incluso si lo sabía, quería hacerse a la idea de no estarlo. Quería creer que si estaba siempre rodeado de gente, siendo gentil, fingiendo amabilidad y dejándose utilizar por los demás, jamás se sentiría nuevamente así, pero su dolor creía.
Todo cambió cuando Yuto lo interrumpió. Finalmente había encontrado a aquel que le había hecho ser alguien… Ser visto… Ser querido…
Pero, no. No era verdad.” Siempre rodeado de falsedades”.  Nada era verdad, todo era una mentira. Vivía engañado por sí mismo. Nunca le llegaría a importar a nadie, nunca.
Su ser había sido roto, su alma –si es que contaba con una, pues ya ni de eso estaba seguro- había abandonado su cuerpo y sintió un frío recorrerlo.
Doctor: -Ya pueden pasar a ver a Yamada…- al notar el silencio, observó a ambos.- ¿Hola?... Hey… ¿Me oyen? Ho… ¡¡!!- su voz se detuvo cuando notó algo que nunca antes había visto. Sus ojos se centraron en el rostro del vampiro menor y, enmudeció.
Nakajima: -Ah sí… gracias…- apenas dijo eso, volteó al frente sin intensiones de hacer nada más que ir a ver a Yamada, pero no pudo avanzar.
Sus ojos, se abrieron como platos ante la imagen que estaba al frente de él.
Si era cierto que Chinen era alguien infantil que hacía berrinche, nunca antes había llorado en serio. Incluso Yamada alguna vez le comentó al alto sobre lo fuerte que podía llegar a ser Chinen e incluso insensible. Siempre tranquilo cuando algo imprevisto pasaba y nunca perdía la sonrisa característica de su rostro.
Pero ahora, sus mejillas estaban inundadas de lágrimas. Sobre su rostro, aunque mantenía el rostro relajado y hasta inexpresivo pues no estaba haciendo mueca alguna, destellaba una tremenda tristeza que desgarraba el alma. Sus ojos habían perdido el brillo, mostrando una mirada intensa y a la vez tan vacía que casi parecía oscurecer su mirar.
Aquella imagen, era similar a ver el cadáver de un pequeño niño abandonado. Solitario en un rincón donde ni la más pequeña luz pudiese tocarlo. Esperando con ser salvado y perdiendo las esperanzas finalmente.
Chinen finalmente se movió, girando sobre sus talones hacia un lado y dando un paso, aunque tambaleó su cuerpo por un instante y luego simplemente se lanzó a correr.
Doctor: -¡Espere! ¡Señorito!- y aunque intentó darle alcance, simplemente no pudo.
Nakajima se quedó ahí, con la boca abierta y con el cuerpo pesado.
Llevó su mano al pecho y sintió los latidos de su corazón presurosos. Al voltear hacia el cristal, la imagen que vio lo asustó. Sus ojos estaban inundados en lágrimas.
Estaba llorando, y el pecho le apretaba casi al punto de asfixiarle. La culpabilidad lo agobiaba. No podía entra a ver a Yamada así, y ni siquiera sabía si quería seguir en ese lugar.
Dejó caer su cuerpo, comenzando a llorar finalmente en silencio.


CONTINUARÁ

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