domingo, 6 de julio de 2014

In the DARK cap. 3 (Parte 2)

Hola!!!! Al fin vuelvo ;A;!! disculpen... disculpen a esta mala bloggera de fics que no se aparece hasta parece que cada año ;A;!!!! Lo siento!! valen ya las excusas... el punto es que les traigo fic!!
*W* tada!! Les entrego la siguiente parte xDD poco a poco se vuelve más peligroso el que Daiki y Ryosuke estén juntos... waaa!! Vean porque lo digo *W*!!! Por otro lado.... awwww libertad~ es su libertad~ *A*!! coso!!!
jajaja les dejo acá ya el cap... Disfruten!! >w<!!


Capítulo 3: “Peligro inminente”  [Parte II]

Los pasillos de la escuela se encontraban vacíos. Nada, absolutamente nada del internado demoniaco se estaba moviendo “arriba”. Solo unas cuantas sombras pasaban volando por entre las ventanas, veloces y fugaces como un ave rapaz de vuelo, y es que, en esos momentos, se estaba llevando a cabo el mayor entretenimiento de los demonios. Incluso los profesores y cuidadores se encontraban presentes en aquel oscuro lugar, donde, detrás de la gran puerta de hierro, el murmullo del gran número de personas ahí reunidas, comenzaba a escucharse con fuerza.
Aquel sitio era conocido como “la fortaleza”. Un lugar en donde, en el centro, había lo que parecía ser un tipo de coliseo antiguo rodeado de una red de acero fuertemente unido y forjado con hechicería maldita que evitaba a quien sea que entrara, al menos en lo cabe mencionar en cuanto a demonios, que escaparan. Antes este lugar era usado con fines de tortura y de juicios, pero con el tiempo, el juzgado se trasladó hacia otro lugar, construyendo sobre éste coliseo el internado a sabiendas de lo que podía hacerse en ese lugar. Ahora, era ocupado por los estudiantes ara realizar los juegos infernales. Éstos consistían en varias muestras de poder, donde peleaban entre sí, ya sea para ganar un premio o para dominar frente a los más débiles, en un nivel casi siempre jerárquico. Aunque solo eran peleas cuerpo a cuerpo, ya que en gran medida, aquellos demonios no sabían usar ningún tipo de habilidades o magia. De hecho, no eran capacitados para ello.
Los únicos que podían hacer magia, eran el trío de líderes en ese lugar: Yaotome, Takaki y Arioka. El último siendo entrenado por los otros dos. Es por eso que debían mantener el secreto de sus habilidades. Así, aunque fuesen realmente poderosos, no podían demostrarlo al cien por  ciento, sin embargo, sus habilidades de combate eran excepcionales.
El juego más esperado por todos, era el último en hacerse. Los competidores se aglomeraban alrededor de la arena, y al toque del presentador, comenzaban a correr hacia el objetivo. Un demonio atado, usualmente el más débil de todos, que se encontraba al centro de todo, sobre una cama apenas cubierta con una manta, en grilletes y sin poder escapar. Aquel demonio que alcance primero al objetivo quien se encontraba junto al presentador, era el ganador. Éste, debía tomar y proclamar al demonio como suyo y finalmente, violarlo frente a todos. Así es como el juego concluía y todos quedaban satisfechos. Cabe destacar que el año pasado, quien había sido colocado sobre esa cama había sido Arioka, y el vencedor de aquel juego tan llamativo había sido Takaki.
Este suceso, hizo que Arioka les odiara y les temiera con mayor fuerza. Cuando Arioka recién había llegado a ese lugar, había sido sometido a distintas pruebas que le hicieron poco a poco sentir que su vida se desvanecía. Aún podía recordar a sus padres siendo consumidos por las llamas, y el dolor de estar solo en ese sitio tan inmenso le hicieron sentirse aún peor. Lo que le hizo cambiar de una persona “inocente” a un chico que odia con fuerza su vida, fue lo que Takaki y Yaotome le hicieron, pues no conformes con que Takaki le haya hecho perder la virginidad de su entrada, estaba condenado a servirles hasta que ellos quisieran. Ser su juguete, divertirse con él cuanto podían y practicar con ellos sus tontos hechizos de escape. ¿Para qué le serviría eso? Lo que él quería era acabar con su vida.
Pues ahora, postrado en la cama, se encontraba observando su mano con un aire de incógnita y, segundos después, con un rostro de asustado.
El anillo que había perdido había sido otorgado hace un año. Habían marcado y señalando a Arioka como de su propiedad debido a ello, si lo había perdido, estaría perdido. Y sabiendo que los juegos ya habían comenzado y que Yaotome y Takaki estarían ahí, aprovecho para buscar en todos lados por más que su cuerpo estuviese exhausto.
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Chinen: -Se podría tomar como la cuarta potencia de…- hablaba explicando una xerografías en el pizarrón, mientras todos los demás ponían demasiada atención a lo que decía, cosa que pasaba desapercibida por el mayor de los 3 vampiros ya conocidos.
Yamada parecía muy concentrado viendo el tipo de anillo que había dejado el demonio. Lo giraba suavemente viendo una y otra vez la escritura que tenía. Cada detalle, cada pequeño destello, parecía un anillo enigmático. ¿Por qué le atraía tanto? No estaba del todo seguro. Colocó el anillo sobre su dedo índice y lo volvió a ver  una vez más antes de bajar su mano para seguir viendo por la ventana, pues poco interesado estaba en la clase que el maestro había dejado impartir al menor. De lo que no se había percatado, era que estaba siendo observado por su mejor amigo, quien interrogante se acercó a su persona.
Nakajima: -¿Qué tanto le ves a ese anillo? Y ahora que lo veo… ¿De dónde lo sacaste?- inquirió finalmente, sobresaltando al mayor.
Yamada: -¡Ah! ¿Eh? Bueno… Este… -aclaró la garganta, nervioso, desviando la mirada y ocultando el anillo- Este es un anillo que he encontrado tirado. Si alguien llega a reclamarlo, lo daré enseguida.- termino por decir, desviando de nuevo la mirada para no ser más interrogado.
Nakajima tuvo que conformarse con esa respuesta, pues al ver la reacción de Yamada, supo que no le diría más que eso, por más que intentara sacarle la verdad. Suspirando, volvió el rostro al frente viendo con exaltación como Chinen le dedicaba una mirada furtiva, debido a que lo ignoró en su explicación.
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Arioka: -No- revisaba debajo de la cama –No- revisaba en el closet -¡No! –revisaba en cada hueco, rincón y espacio pequeño que había en su cuarto, el cuarto de tortura, el pasillo por donde había estado antes e incluso en los rededores del internado. -¡NO!- gritó dando una patada al aire seguido de un puñetazo a la pared. Había perdido el anillo que representaba su seguridad. Claramente estaba asustado por el resultado de cuando lo descubrieran.
Su mente estaba tan desesperada e intranquila, que no podía pensar en claridad sobre el dónde lo había dejado. Tal vez en el baño, tal vez en la almohada de nuevo. Y fue entonces cuando su mente divagó tanto que pensó que pudo haberlo dejado en el internado de vampiros. ¡Sí! ¡Era lógico! El nerviosismo que le invadió, pudo haberle hecho sudar de más lo que provocó que el anillo resbalara y cayera. Ahora solo faltaba encontrarlo, carraspeó sus dientes y comenzó a dar vueltas en la habitación. La única manera de llegar era usando los vórtices, pero no era capaz de usarlos aún (al menos no consciente). Pero tampoco es que hubiese alguien más que los usara.
Suspiró profundamente resignándose, al menos podría salirse más fácilmente debido a que todos estaban entretenidos en sus juegos.  Vio una oportunidad bastante facilitada, de no ser porque en aquel pasillo, las personas que menos deseaba encontrar, habían aparecido de la nada.
Yaotome: -¿Ya te has recuperado?- sonrió burlón, acercándose al menor.
Takaki: -Los juegos ya han comenzado, no te vimos en la inauguración-
Arioka: -No es como si me emocionaran –desvió la mirada, notablemente molesto.
Takaki: -Solo dije que no te vimos, no te pregunté si te emocionaban o no-
Yaotome: -Ya déjalo. Vamos, este año seré el presentador y recuerda que te quiero en la pista para vencer.- le dedicó una mirada seria al mayor, quien solo asintió para comenzar a caminar detrás de los pasos de Yaotome. –No te obligaremos a ir Daiki… Pero al menos no andes por ahí solo… No es seguro que vean a uno de los reyes sin guaruras… -proclamo- Ah… Otra cosa… ¿Y el anillo?-
Arioka: permaneció un poco petrificado, pues no sabía que responder sobre ese asunto. No creyó encontrarlos tan a prisa ni que se hubiesen dado cuenta enseguida. Frunció los labios, desviando la mirada. –Lo dejé en mi habitación, no quiero andarlo trayendo siempre-.
Yaotome: -Póntelo, me importa una mierda lo que quieras…- terminó de decir y siguió de frente con el mayor a su espalda.
Daiki comenzó a caminar a prisa, aquella había sido solo una advertencia de que lo tenían bastante vigilado. Lo que significaba que debía apresurarse en encontrar el maldito anillo antes de que algo más pasase, aunque su condición le impidiera ir a prisa.
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Nakajima: -¡En serio! No te miento Chinen- intentaba no retroceder más, estando a merced del menor.
Chinen: -¡No me pusiste atención debido a que no me veías! –reprochaba de manera insistente, viéndole con la mirada afilada mientras lo tenía acorralado en el pasillo, justo a un lado de la puerta que daba fuera del baño.
Nakajima: -N-No es verdad… Si te puse atención- sonrió nervioso.
Chinen: -Estabas entretenido viendo a Yamada… ¡¡NO ME ESTABA VIENDO A MÍ!! –volvió a gritar jalando de la camisa de Nakajima quien se vio obligado a bajar su rostro para quedar al frente de el del menor. - ¡¿Acaso te gusta ese maldito vampiro escoria?!-
Nakajima: -N-No-
Chinen: -¿No? ¿Entonces por qué le pones más atención que a mí?-
Nakajima: -N-No-
Chinen: -¿No? Claro que lo haces… ¡Lo haces!-
Nakajima: -N-No…-
Chinen: -¡YUUTO!-
Nakajima: -N-No es escoria…- terminó al fin de pronunciar la frase completa.
Chinen: Quedó observando al menor con un rostro de incredulidad, al haber oído que la respuesta se remontaba a esa oración completa, defendiendo al vampiro mayor. Crujió los dientes y pataleó en el suelo. -¡Eres un maldito idiota Yuto!-
Nakajima: -Chinen…-
Pero antes de poder seguir haciendo más, se vieron interrumpidos por quien salió del baño.
Yamada: -Ya basta… me dan dolor de cabeza- Se venía tallando las sienes. La razón por la que estaban en el baño, era porque Yamada parecía estar enfermo, lo que era muy extraño.
A pesar de ser vampiros, si podían llegar a enfermarse. Lo único que cambiaba era que sus enfermedades se asociaban con la falta de hemoglobina, llegando a padecer  anemia o cualquier otra enfermedad similar. Yamada de hecho presentaba cuadros de debilidad y palidez, por lo que se sospechaba no estaba comiendo la suficiente cantidad de sangre o probablemente estaba consumiendo alguna sangre enferma.
Nakajima: -¿No te sientes bien? Estás pálido… - afligió el ceño. No le gustaba ver mal a su mejor amigo, al menos no luego de haber casi muerto en una ocasión.
Chinen: -Oye… No preocupes a Yuto… Si estás mal mejor ve a la enfermería- se cruzó de brazos recargándose en la pared.
Yamada: -Estoy bien… No necesito ir allá-
Nakajima: -Ryo-chan… No pareces bien, mejor hazle caso a Chinen-kun- se acercó a tallarle la espalda.
Chinen: Al ver la acción de Nakajima,  gruñó y lo atrajo a sí- ¡Ves a la enfermería! Allá te atenderán, de eso me aseguro yo pero… ¡No quieras robar la atención de Yuto!.- le sacó la lengua jalando más al menor.
Nakajima: -¡C-Chinen!-
Yamada: -Yo no quiero… - se detuvo de hablar, sintiendo de pronto todo borroso y medio cayendo, afortunadamente pudo sostenerse del fregadero.
Nakajima/Chinen: -¡Yamada!- ambos lo sostuvieron y preocupados, lo condujeron a la enfermería en donde descansaría.
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Arioka: -Parece que no está acá- suspiró cansado.
Había llegado al fin al lugar luego de haber traspasado todo ese sistema de seguridad del internado, y vaya que le había costado no ser descubierto. Pero debido a lo débil que se encontraba, no había sido captado al menos por el fuego que desprendía.
Buscaba por todos lados. Debajo de la cama, de los muebles, en los pequeños agujeros que había y nada. No sabía dónde más buscar. Se sentó en la orilla de la cama, cubriendo con su diestra la mitad de su rostro mientras su codo se apoyaba sobre su rodilla. Estaba cansado, necesitaba dormir un poco pero no podía. Lo que necesitaba era encontrar ese estúpido anillo, aquel maldito pedazo de metal que le había sido asignado por el líder de ese tonto grupo de 3.
Arioka: -Necesito un descanso…- susurró antes de dejarse caer en la cama del vampiro, donde hace horas había estado acostado. Y ahora que reflexionaba, ¿Cómo había llegado hasta ahí?
El demonio cerró los ojos completamente, no recordaba que era lo que había hecho que llegara ahí. O más bien, no estaba consciente de lo que lo había hecho llegar.
Esa noche, luego de haberse infiltrado e ir huyendo del sitio, llegó a su habitación y se desplomó en su cama como ahora lo había hecho sobre la del vampiro.
Su mente divagó en sus recuerdos y deseo poder morir en paz, como todas las noches lo había hecho. Sin embargo, no pudo mantener ese pensamiento por mucho en su mente. Unos ojos carmesí habían invadido sin permiso la tranquilidad del menor. Recordó ese fuerte carmesí del que estaban teñidos los orbes del menor. Recordó sus labios, su aroma, su cuerpo. Aquella piel blanquecina y pálida parecida a la porcelana que lo envolvían. Y entonces deseo vivir. Quiso volver a encontrarse de nuevo con él, quiso volver a verle con un fuerte sentimiento en su pecho que lo inquietó demasiado.
Al abrir los ojos, luego de haber recordado aquello, se sorprendió de lo que veía. Frente a él, o más bien, frente a la cama, unas pequeñas líneas oscurecidas habían aparecido. Éstas se deformaban al centro, como si se absorbieran. ¡Sí! ¡Era un vórtice primario en construcción!
Sus ojos no podían creer lo que veían. Había logrado formar vestigios de un vórtice con solo desear estar cerca del vampiro.
“Takaki: -Para crearlo, solo debes concentrarte en estar del otro lado. No ubiques la salida o la entrada aún, solo debes ubicar lo que quieres alcanzar… La libertad-“
Esas palabras eran incomprendidas aún por el menor de los demonios, pero ahora podía entender a qué se refería. Con libertad, quiso decir que debía salir de esa oscuridad de la cual estaba hecho ese torbellino. Ya antes había logrado abrir con facilidad uno, pero había caído en la desesperación cuando no pudo salir, sintiéndose encerrado. De no haber sido porque Takaki y Yaotome estaban cerca, se hubiera hundido en la eterna oscuridad, perdido en la desesperación de su propia mano.
No había querido desde entonces hacer otro y los mayores lo sabían, por lo que Yaotome era el encargado de transportarlo a donde sea que fueran. Así, era arrastrado y vencido por sus miedos, pero el deseo de querer ver a ese vampiro, al menor una vez más, lo habían conducido a crear un vórtice hasta su posición. El vampiro…. El vampiro significaba su libertad.
Arioka: -No es posible…- sonrió y rió dándose vueltas en la cama, crédulo ante lo que acababa de descubrir en la manera menos esperada. Quedando finalmente bocarriba viendo el techo.
Su mente divagó de nuevo. Si eso era verdad, entonces, ¿Qué debía hacer? La libertad no se le concedería tan sencillamente como esperaba, es más, si los mayores se enteraban de eso, probablemente harían de todo por separarlos. Si fuese necesario, hasta matarían al vampiro. Eso era lo menos que deseaba Arioka.
Chinen: -No me dijiste que se encontraba tan mal- susurró entrando a la habitación y haciendo que el demonio saltase de la impresión y se ocultara debajo de la cama a prisa.
Nakajima: -No pensé que se sintiera mal… Anoche y en la mañana tú lo viste, estaba bien- entró a la habitación siguiendo al menor.
Chinen: -Bueno… al menos ya está mejor… No todos los días Yamada se siente así- suspiró, como apenado.
Arioka se quedó en silencio y shock, ¿El vampiro estaba mal? ¿Qué le había pasado? ¡Tenía que ver que se encontrara bien! Necesitaba saber si estaba bien.
Nakajima: sonrió suavemente al ver la reacción del menor –Te preocupas por Ryo-chan… ¿Verdad?-
Chinen: -Claro que lo hago- estaba acomodando unas cosas y terminando de cambiarse, así que poca atención ponía a sus palabras –Podrá ser un cachetón idiota pero te ha cuidado… Es como un hermano mayor para ti, y eso lo transforma automáticamente en un he….- al darse cuenta de sus palabras, simplemente se viró a ver al mayor de ellos, frunciendo el ceño. -¡No cambies el tema! ¡¿Por qué lo defendiste?! –reprochó al fin, lanzándose contra el mayor.
Nakajima: estaba sonriendo mientras escuchaba al menor. A veces éste podía ser tan poco sincero respecto a sus sentimientos. Pero su sonrisa se borró al notar como el menor se le abalanzaba. -¡Ah! ¡Chinen!-
Chinen: -¡Dime Yuri cuando estemos a solas!- exigió en tono de reproche.
Nakajima: -E-Espera… Chinen… Yuri… -decía mientras era tumbado y tirado al suelo, quedando con el menor sobre él- Yuri…- le miró. Indiscutiblemente, seguía realmente enamorado de Chinen.
Chinen: sonreía de verlo sonrojado debajo de él - Di mi nombre… Solo a ti te permito decirme Yuri- susurró, acercándose poco a poco. –Solo a ti te lo permito…- cerró los ojos sonrojado, apoyándose en el pecho del mayor.
Nakajima: Sentía su corazón brincotear y acelerarse cada que Chinen se acercaba a su persona –Yuri… -susurró de nuevo, realmente eso le hacía sentir feliz. Pero no terminaba de contentarse por completo pues sabía que aquello era una farsa y en cuanto el menor despertara, terminaría odiando su existencia a más no poder, sin saber la verdadera situación del menor.
Chinen: -Yuto…- quería terminar de decir la frase “te amo”, pero antes de ellos, se vieron interrumpidos por golpeteos en la puerta.
Oficial: -Señor Chinen, Nakajima… ¿Ya han juntado las cosas?-
Chinen: carraspeó los dientes levantándose -¡Ya!- gritó furioso, azotando los pies hacia la puerta y empujando al oficial -¡Quítense!- refunfuñó pasando, dejando a los presentes extrañados.
Nakajima: Se levantó, lentamente mientras suspiraba aliviado, siempre le salvaban –Ya tenemos las cosas de Yama-chan...- Se terminó por levantar y con las cosas en mano, salió.
Todo quedó en nueva tranquilidad, o eso podía parecer. Porque el demonio ahora estaba mucho más ansioso de ver al vampiro. ¿Por qué razón? No estaba seguro…
Se levantó al no sentir ya la presencia de nadie, sentándose sobre la cama. Por más que haber llegado hasta ahí le hubiese sido sencillo, encontrar ahora en qué parte se encontraba el vampiro era una tarea mucho más difícil. Sus se mantuvieron perdidos por un momento, pensando en la manera de buscarlo, olvidándose por completo de lo que había ido a buscar, el anillo. Algo era más importante que encontrar el anillo… Era el vampiro.
Fue cuando vio el nuevo vórtice formarse frente a él. Parpadeó aun con brotes de sorpresa, sacudiendo su cabeza y levantándose. Estaba despierto y demasiado alterado, pero si lograba concentrarse tal vez podría lograrlo.
Antes de partir, pudo encontrar algo que le sería útil, y una vez frente al vórtice, cerró los ojos concentrándose en la figura del vampiro. Pensó en sus ojos, en su boca, en su mirada, en su cuerpo, en sus manos, en sus labios, en el sabor y olor… Y atravesó.
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Yamada: -Ya me encuentro bien- bufó, quitándose la mano de quien lo inspeccionaba.
Enfermera: -Me ha dicho el señorito que debo cuidarte, así que deje que le inspeccione-
Yamada: -¡Ya estoy bien! Y dile a ese  “señorito” que deje de portarse bien… que no lo es –decía entre dientes, sentado sobre la camilla y con los brazos cruzados.
Enfermera: -¡Que mal educado! El señorito es una persona importante, más vale que le tenga respeto.- Se mostraba muy molesta, levantándose y colocando las cosas a un lado.
Yamada: -Me importa… un bledo y el bledo de otro… Si no me quiere atender no lo haga. –terminó por decir antes de levantarse y abrir la puerta, cerrándola a su espalda dejando a la enfermera ahí.
Lo que no sabía, era que un pequeño vórtice estaba formándose a un lado de la cama, siendo guiado por la esencia del vampiro dejada en las sábanas.
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Cuando el demonio al fin pudo ver la salida, notó un lugar en blanco. Al abrir los ojos, se encontraba dentro de una habitación de enfermería. Miró para todos lados, viendo la cortina moverse por el ruido ligero que había hecho al pisar. Alguien estaba detrás de la cortina y su mano estaba comenzando a alzarla. El demonio quedó observando escuchando luego la puerta comenzar a abrirse.
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Las cosas parecen complicarse para estos dos. El peligro abunda en cada rincón, inundando y siguiéndolos a cada paso que dan. ¿Al fin descubrirán y atacarán al demonio? ¿Hikaru y Yuya podrán llegar a tiempo antes de que agarren al menor de los demonios? Las cosas dicen lo contrario… Pareciera ser que el demonio terminará su historia de amor antes de siquiera haberla empezado… busquemos a otro protagonista entonces…


CONTINUARÁ

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