miércoles, 26 de marzo de 2014

In the DARK Cap. 3 (Parte 1)

Yooo! *A*/ ¿Me extrañaron? *W*
Ok sé que nadie me quiere u,u -se va a su rincón-....... ¡Pero como yo si las quiero! He acá la continuación de la saga mejor preparada (?) que hasta ahora he escrito (?)...
Tadaaaaaaa!!! Espero les guste *~*!! Lo hice con amorsh (?)
Irá sin imagen ;A; luego edito la entrada ><!

Disfruten mis bellas seguidoras! Sobre todo de este fic extraño xD!


Capítulo 3: “Peligro inminente”

Al fin vio una brecha entre tantos guardias. Ahora solamente faltaba esperar a que se dispersaran para al fin salir de ese lugar. Sin embargo, es sorprendido por sus compañeros de cuarto, tomándolo lo más a prisa que pudieron y comenzando a jalarlo hacia atrás para meterlo en un torbellino creado por Yaotome y regresando al internado para demonios.

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Yamada: -¡No! ¡Para! ¡ME RINDO!- gritaba alzando las manos mientras Chinen le jalaba los cachetes.
Nakajima: -¡Chií por favor! ¡¡Yama-chan se muere!!- jalaba por la cintura al menor, quien no se despegaba ni un poco de las mejillas que tenía entre sus manos.
Chinen: -¡Su castigo por hacerme decir tonterías de Yuto!- sus pequeñas manos, aunque frágiles, tenían la fuerza de una pinza de prensa que estaban colorando la piel que sujetaban.
Mientras Yamada gritaba por la vida de sus mejillas, en la parte posterior a ellos, unos chicos recién habían entrado al salón principal. Más no obstante, venían hablando de algo que dejó a Yamada muy aturdido.
Chico 1: -Yo quería ir a la ciudad. Estúpidos guardias, que se guarden sus comentarios para luego.-
Chica 1: -¿Pero que harán allá? Tienen más vigilado que de costumbre.-
Chico 2: -Escuché que seguían buscando rastros de los demonios.-
Chico 1: -¡Aún!-
Chico 2: -Por eso vigilan la parte posterior... Dicen que pueden regresar-
Se pasaron de largo, dejando a Yamada con la boca abierta. Sin saberlo, había mandado a Daiki directo a la trampa. Claro, si éste le hubiese hecho caso.
 Nakajima: -¿Chií?- le miro al ver cómo éste se quedaba observando a Yamada.
Chinen: -Oye cachetón… ¿Qué te pasa?-
Yamada: -Nada…. –desvió la mirada, observando a la ventana entre nervioso y deseoso por ir a averiguar si no había sucedido algo con el demonio.
Chinen: -No lo parece…-
Nakajima: -¿Yama-chan? – Se acercó al mayor, colocando su mano sobre la frente de éste para sentirlo - ¿estás bien?-
Yamada: -Lo estoy- dijo apartando con un suave toque a Nakajima, lo que ahora invadía su mente era un signo de preocupación. “Que no me haya hecho caso” pensó en sus adentros.
Nakajima: -Yama-chan- volvió a susurrar.
Chinen: -No hagas preocupar a Yuto… Ya cachetón, ¿Qué te pasa?-
Yamada: -No me pasa nada… Creo que dejé olvidado algo en el cuarto… ¡Ah! Mi bolso… Nos vemos- y comenzó a caminar a prisa hacia la salida, sin embargo, justo cuando estaba por tocar la perilla de la gran puerta de metal, tuvo que retroceder al éstas ser abiertas con brusquedad.
Oficial: -¡Señor! Tenemos noticias relevantes sobre los sucesos.-
Y el corazón de Yamada se detuvo. Aquel oficial no venía con un rostro de satisfacción pero tampoco de alegría, lo que implicaba que había y no había logrado algo. Sonrió disimuladamente, calmándose al saber que el demonio había escapado.
Aquel hombre uniformado, subió al estrado a prisa, comunicando algo al director quien no paraba de revisar unas hojas disimuladamente.
Nakajima: -Yamada… Tu cartera está acá- se aceró cuando le vio calmado, alzando su bolsa que hace poco había soltado debido al minúsculo dolor sobre sus mejillas.
Chinen: -¿Ya estás mejor? Pareciera que estás preocupado por algo.-
Yamada: -Gracias- le sonrió a Nakajima y tomó el bolso, escuchando las palabras del menor de los vampiros. -¿Y a tique te importa mi estado?- respondió seco.
Nakajima sonrió, mientras Chinen abría la boca de más. Nuevamente volvía a ser el mismo, provocando una miradita entre los dos vampiros menores antes de que Chinen se lanzara a la discusión matutina de siempre y Nakajima intentara sepárales y detenerles.

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Arioka: -¡YA! Por favor… ¡YA!- gritaba por clemencia. Lágrimas rodaban de sus ojos mientras veía a los que le provocaban aquella tortura.
Yaotome: -¿Acaso crees que te perdonaremos por lo que nos hiciste pasar? Takaki…. Dale otro más- sonrió malicioso, sentado en una silla mientras admiraba de la escena.
Takaki: -Como ordenes- y el mayor de ellos, se acercó peligrosamente al demonio más chico.
Arioka: -¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO!- se agitó, removiéndose sobre la cama, ocultando su rostro detrás de su brazo derecho.
Daiki estaba atado en la cama de clavos de pies y manos, estirando hasta lo que daba su pequeño cuerpo sobre la superficie de ésta.
No se encontraba en su habitación. Estaban ubicados en el fondo del pasillo, en la habitación favorita de Yaotome debido a los artefactos de tortura que tenía a su disposición. Disfrutando a placer cuando podía ocupar aquel lugar.
La tortura favorita para Hikaru era “Plu”, un pseudónimo para ahorrarse saliva al anunciarle a Takaki lo que debía hacer.
Yaotome: -¡PLU!- gritó, riendo a carcajadas.
Arioka: -¡NOOOOOOO!-
Takaki: -¡PLU!- gritó eufórico y se abalanzó sobre el menor.
Aquel “plu”, era una partícula de “pluma”. La tortura preferida de Yaotome era esa. Atando a Daiki, desnudo sobre la cama de clavos, Takaki le pasaba la punta de una pluma por todo su cuerpo. Para unos podría parecer solo una burla, sin embargo, para el cuerpo sensible de Daiki era insoportable. Los clavos le impedían moverse mucho si no quería enterrárselos y desangrase, además de que sus muñecas y tobillos siempre terminaban quemados debido a la fricción de la cuerda. Aquella era una tortura más cruel que azotarlo con un látigo, y los mayores lo sabían. Lo peor, venía después.
El cuerpo de Daiki se retorcía tras los toques de la pluma. Y fue cuando abrió los ojos sintiendo lo que menos ansiaba, la mano de Takaki sobre su entrepierna.
La segunda fase de la tortura había comenzado. Takaki se encargaba de masturbarlo mientras su cuerpo se retorcía de los nervios por la pluma, lo que lo hacía más vulnerable a cada toque abajo. Y por ende, lograban hacer que llegara al clímax en poco tiempo, repitiendo la tortura cuantas veces sea necesario hasta vaciarlo.
Arioka: -¡YAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!- dio un grito que recorrió los fríos pasillos del internado, haciendo eco en todo rincón.

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Yamada: -No me parece justo- bufó, viendo por la ventana el día desvanecerse. -¡¿Cuánto planean mantenernos acá?!- azotó los pies contra el suelo, llamando la atención de los más cercanos.
Nakajima: -No hay opción Yama-chan. No han resuelto lo de la intromisión de ayer así que…-
Chinen: -¡Ya! –abrazó al mayor, interrumpiendo su explicación. – Yuto~ ¡Te exijo amor!- su voz de niño, seguido de una mirada suplicante hacia el mayor, hicieron a Nakajima estremecer y sonrojarse.
Todos en el auditorio estaban sentados, aburridos la mayoría de estar en ese lugar como confinados y encerrados. Yamada, Chinen y Nakajima estaban sentados cerca de la ventana, lo que les proveía una bonita vista de las afueras, aunque bloqueada debido a los cuerpos de protección movilizándose.
Yamada: -Esto es tu cul…- se detuvo de hablar al ver como Chinen se encontraba sobre Yuto, casi a punto de besarle, mientras sus manos se ocupaban de descubrir el pecho del mayor. Yamada quedó en shock momentáneo, intentando asimilar aquello. Pues el rostro de Nakajima, en vez de asco, demostraba todo lo contrario.
Sus mejillas sonrojadas, la mirada perdida en los labios de Chinen, las boca titubeante y deseosa por probar esos labios… Y entonces, le llegó una imagen que jamás creyó poder crear en su cabeza. Daiki, de esa manera, sobre él.
Yamada: -¡AH! ¡Maldito exhibicionista! ¡ALÉJATE DE YUTO!- y con rapidez, tomó a Chinen por la espalda y lo haló con fuerza para hacerle soltar a su amigo.  -¡No lo hagas!-.
Chinen y Nakajima le observaron atónitos. No por el hecho de haberlos interrumpido, si no por lo que a continuación sucedió.
Yamada tenía la cara roja, totalmente roja debido a la escena que se había imaginado pero con él y el demonio. Los miraba no con enojo como siempre lo hacía, si no con vergüenza. Aquella vergüenza de ver a dos enamorados a punto de mostrarse afecto.
Con el corazón acelerado, se giró y sacudió su cabeza, apartando toda idea de su mente.
Aquella expresión en él, lo hizo ver endemoniadamente encantador. Cosa que Nakajima y Chinen no pudieron evitar notar. ¿Una expresión así en Yamada? Algo no andaba bien.

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El demonio se encontraba recostado en su cama. Su vista estaba perdida en el vacío dentro de su habitación. Las cobijas apenas cubrían la mitad de su cuerpo, resbalando por éste hasta el suelo. La tortura lo había dejado exhausto. 
“Yaotome: -Y no lo vuelvas a hacer-“
Las palabras del demonio mediano le hicieron cerrar sus manos en un puño. Así era siempre.
Él no representaba más que una tonta diversión para los otros. Desde aquel día amargo, todo se había vuelto un juguete para ellos. Lo odiaba, los odiaba. Sin tan solo hubiese muerto junto a sus padres. Pero no había vuelta atrás, tenía que soportar aquella vida, pero, ¿Hasta cuándo?
Arioka: -No dejaré… que me vean… No les daré el placer de que me vean…- apretó la mandíbula, mordiendo la sábana y aguantándose las ganas de gritar, de llorar, de hacerles ver lo afectado que se encontraba por todo.
Y cuando estaba por calmarse, se dio cuenta de algo importante.
Tras haber deslizado su mano sobre la sábana blanca, algo le incomodó. O se supone que debía incomodarle.
Alzó su rostro lo suficiente para que sus ojos quedaran al descubierto, observando que su mano carecía de lo que debía estar ahí; su anillo.

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El vampiro mayor había regresado con rapidez a la habitación luego de haberse aclarado ya todo el alboroto. Sin embargo, más por desear volver, quería desaparecer cuanto antes de la vista de todos. Unas miradas acusadoras que lo hacían sentirse descubierto en cierta manera.
Yamada: -¡Ah!- gritó, lanzándose contra su cama.
Al abrir los ojos, recordó con exactitud la silueta dormida del demonio. ¿Qué le estaba pasando? ¿Acaso lo deseaba ver? ¡¡ ¿POR QUÉ?!!
Su corazón latía fuerte. Estiró apenas su mano acariciando el lado vacío, sonrojándose de recordar lo cálido que era su ser. Y al darse cuenta de lo patético que se veía, haló con fuerza la sábana.
Yamada: -¡AH! ¿Qué rayos hago?- Gritó con fuerza, des tendiendo la sábana.
Debido a que se encontraba sobre ella, su cuerpo se vio girado por la fuerza con la cual la había jalado en contraposición, cayendo enredado al suelo, como un taco de Yamada.
Se quedó ahí, un instante, mientras aclaraba la posición en la que se encontraba, es decir, sin saber cómo había llegado al suelo.
Una vez organizado, estiró las manos para retirar la sábana que le cubría la cabeza, viendo el suelo de frente. Parpadeó unos instantes antes de sonreír tontamente y hablarse a sí mismo con un “Eres tonto”.
Al levantarse, retirando la sábana, oyó el tintinear de algo cayendo. Pudo reconocer que ese sonido pertenecía a un objeto pequeño y redondo. Cuando volteó la mirada, notó un brillo singular.
Debajo de su cama yacía un anillo de oro nunca antes visto por el vampiro.
Al tomarlo, pudo saber que no era de Chinen, pues tan extraña pieza debía de contener al menos una piedra incrustada para pertenecerle, tampoco era de Nakajima ya que él no poseía tanto dinero para un anillo de ese material, y él no tenía ningún recuerdo de su casa a parte del álbum de fotos que había traído consigo. Lo que dejaba al descubierto a quien pertenecía. ¿Quién más había estado en esa habitación si no el Demonio? ¡Era de él! No podía estar equivocado.
Al inspeccionarlo más, sus sospechas fueron aclaradas: En la parte de adentro, escrito en fuego (por lo que parecía) estaba incrustado el apellido “Arioka” seguido de un nombre: “Daiki”. Pero la inscripción no terminaba ahí. Pocos milímetros más adelante, continuaba diciendo: “Perro fiel de los Líderes Hikaru y Yuya.”
Aquel anillo, extraño tanto en formas como en inscripción, le hicieron a Yamada extrañarse.
Yamada: -¿Hikaru y Yuya?- giró el anillo pero no tenía nada más escrito. –Daiki- Sonrió de lado, al fin sabía el nombre de aquel demonio, lo que presentaba una ventaja para él.
Nakajima: -Yama-chan, ya es hora de clases- venía entrando apenas por la puerta, buscando con la mirada la silueta del fugitivo.
Yamada: -¡Ah sí!- guardó el anillo en el bolsillo de su saco y salió a prisa de su “habitación” para encontrar a Nakajima.
Nakajima: -¿Qué hacías?-
Yamada: -Nada… ¿Nos vamos?-

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Nadie se imaginaba que ese anillo, iba a ser el inicio de una serie de problemas que, lamentablemente, no iban a terminar en nada bueno.
El peligro no dejaba de rozar el futuro oscurecido de un demonio y un vampiro encontrados por el destino. Si todo sale bien, el amor florecerá… ¿Podrá ser?


CONTINUARÁ

2 comentarios:

  1. OMG!!! eso estuvo O____O

    ya me entro la curiosidad...
    me encanto ^/////////^

    a esperar con ansias la continuación!

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  2. Ese Yamada todo sonrojado awwwww *_______*
    Daiki vete a por el anillo, aunque esperemos que no le descubran... pobrecito me da una pena. Ojala Hikaru y Takaki conozcan a alguien que les trate asi ¡Jum! ù_ú
    ¡Esperare la conti con ansias! :3

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