miércoles, 28 de agosto de 2013

In the dark

La parte uno de este capítulo XDD
Se me pasó publicarlo, gomene~~
Para las pocas personas que lo leen, le dan seguimiento a esta historia y no pudieron leer lo que sigue por falta de esto, en verdad mis disculpas D:

Me di cuenta porque estaba actualizando la lista/masterpost/index de fics... 
Vale vale~~ disfrútenlo jojo



Capítulo 2: "Rose entre dos mundos" (parte 1)

Un as de luz penetró con fuerza por entre aquellas cortinas negras. El pequeño vampiro que se encontraba exhausto por la noche anterior abría los ojos pesadamente, encogiéndose para ocultar su rostro entre las cobijas y poder dormir de nuevo. Pero no contaba con que su reloj de mesa comenzaba a sonar escandalosamente para alertarlo de la hora.

Frunció el seño aun con los ojos cerrados, estirando su mano para palmear el pequeño mueble junto a su cama y buscar ese aparatito infernal, pero una mano sorpresa junto a la suya le hizo detenerse al oír que el sonido era apagado por aquella mano intrusa.

Yamada: -¿Yuto?~ -logró pronunciar.

No era la primera vez que recibía la visita inesperada de su amigo y compañero de habitación. Casi todas las noches se escabullía a su cama desde que Chinen comenzó a acosarlo tanto, aunque no se explicaba porque simplemente no le aclaraba que no quería nada con aquel chico pelinegro.

Sin embargo, sus nítidas expresiones de enojo por pensar que su amigo se encontraba dentro de su cama, cambiaron a unas de sorpresa. Unas manos rodeaban su cintura, pero esas manos eran cálidas. Los vampiros, por más que quisieran, no desprendían calor alguno, o al menos no era perceptible por los de su misma clase. Si no era Yuto ¿Quién rayos se ha metido a su cama? La respuesta era mucho menos encantadora de lo que pensaría que sería por ese calorcito tan confortable que le envolvía.

Al girarse levemente hacia un lado, pudo notar unos cabellos saliendo por debajo de la sábana, eran castaños. Ni Chinen ni Yuto tenían ese color, ni tampoco lo tenían tan lindo y suave como el que se asomaba. Su corazón comenzó a acelerarse entonces ¿Por qué? Por nervios quizás, pues estaba consciente de que fuese quien fuese que se haya escabullido a sus aposentos, era alguien muy astuto para no haberlo despertado. 

Acercó su mano con sigilo y movimientos lentos para destapar sin despertar a su compañero de cama, tragó saliva leves instantes antes de tomar la sábana y halarla con fuerza para descubrir al intruso, quedando en shock. Ante sus ojos, la figura más escalofriante que podría haber soñado jamás, se encontraba. De bellas facciones redondeadas, una nariz chistosa y ovalada, labios rosáceos y entreabiertos dejando ver parte de un colmillo, la piel clara, tersa y suave ante la vista a pesar de ser un...

Yamada: -Demonio~- murmuró atónito

Sus ojos se hundieron, un escalofrío recorrió su cuerpo y no era por el simple hecho de ser un demonio lo que le preocupaba. Era porque él era el demonio que le había helado los huesos unas horas antes. Intentó no mover ni uno solo de sus músculos para no despertarlo. Pero fue demasiado tarde, pues al haber levantado con tanta brusquedad el pequeño pedazo de tela que los cubría, una mueca de molestia se divisó en el rostro del otro. Estaba congelado,
paralizado de los pies a la cabeza, pero lo que más le aterró fue sentir las manos del demonio moverse sobre su cuerpo; desde su espalda en la cintura hasta su abdomen haciéndole tiritar con una ligera sensación de calidez. Sus ojos no dejaban de cuidar los movimientos del demonio, su preocupación creció, estaba al borde de la muerte eso era seguro, pero entonces... al volver su vista al rostro del demonio, notó unas leves lágrimas resbalar por sus ojos hasta su mejilla. “¿¡Los demonios lloran!?” se sorprendió bastante por esa acción que no pudo evitar seguir observando. Extrañamente sus ojos recorrían las trayectorias de sus facciones, deteniéndose inevitablemente en sus labios, esos labios rojos que hace pocas horas acababa de besar. 


Sus mejillas enrojecieron violentamente, sintiendo hervir su cara con una sensación de vergüenza y confusión por haber recordado exactamente eso en esas condiciones. Apartó la vista leves instantes mientras intentaba respirar más calmadamente, sintiendo el tono de sus mejillas volver a la normalidad “Eres un tonto... ¿Cómo se te ocurren esas ideas?” sacudió su cabeza para así lograr despejarse de esos pensamientos, volviendo la mirada al demonio... viendo sus ojos... abiertos...




Siempre había tenido pesadillas cuando recién había ingresado al internado. Día tras día se repetían las mismas escenas en su cabeza: Una noche de penumbra, del día más importante para el joven demonio de apenas 10 años de edad, se desencadenó lo que para él sería el final definitivo de su infancia.

Hace unas horas, disfrutaba de una sencilla fiesta de celebración para su cumpleaños, rodeado de las personas que más amaba: Su padre y madre.

Sus padres le dijeron que su regalo se encontraba escondido en algún lugar de la casa. Ese tipo de juegos siempre los hacía con ellos, así que no le pareció extraño ponerse a buscar por todos lados algún indicio de paquete extraño, no encontrando ningún objeto así. Fue entonces cuando vio a lo lejos de la casa una luz platinada, lo que le hizo salir por la ventana y correr en el patio hasta lograr llegar a su destino, pero no encontró más que una hojilla de navaja tirada en el suelo. Se sintió bastante decepcionado regresando a la casa con la cara gacha. Sin embargo, cuando ya estaba a punto de pisar su hogar, una explosión dentro del lugar se divisó, incendiando casi por completo la casa (con excepción del garaje) llegando las llamas hasta 3 metros arriba de ésta. 

Sus ojos se inundaron de lágrimas, sus gritos eran ahogados apenas en chillidos y lamentos, sintiendo luego como unas personas se acercaban por detrás suyo.

Al voltear, al primero en divisar fue al gran Lord Vladimir, que con gran desprecio dedicó al vampiro unas palabras de lamento antes de dar la orden para llevárselo. Pero al voltear Daiki de nuevo a la casa, logró ver unas figuras deformes que comenzaban a ensombrecer la entrada; eran sus padres gritando por ayuda. Sin embrago, nadie acudió a su llamado, aunque el pequeño niño gritaba que seguían vivos, fue ignorado totalmente por quienes lo metieron a una especie de jaula, alejándose y dejando que esas figuras semiformes terminaran por consumirse en las cenizas.




Sin evitarlo, su corazón latía fuertemente, sus pesadillas le hacían doler el pecho con una fuerza incomparable, deseando en aquella noche tormentosa haber muerto junto a sus padres. La pesada carga que llevaba más otras consecuencias adelante, lo llevaron a odiar con ganas a los vampiros. Los odiaba de tal manera que no podía ni imaginarse estar cerca de uno, ni menos haber besado a uno pocos instantes atrás.

Su mente vagaba en penumbras recordado ardido el beso anterior, deseaba arrancarse la boca con fuerza y no volver a ver a ese chico nunca más, o al menos destrozarlo con sus manos en cachos pequeños para que nadie se enterara de su idiotez del día, pero muy en el fondo sabía perfectamente que, aún intentando convencerse de lo contrario, ese beso había significado mucho. Tan sólo el recordarlo le hacía sentir una extraña sensación en su cuerpo, un cosquilleo nervioso sobre sus labios deseando juntarlos de nuevo con los del vampiro. Estaba mal, muy mal que pensara o siquiera recordara eso. Necesitaba verlo de nuevo, necesitaba esos labios, esos ojos, ese rostro... Necesitaba al vampiro.

Vampiro: -Demonio~- 

Oyó un leve susurro, recordando así su sueño traumático, aquél sueño que probablemente habría hecho de nueva cuenta mojar su almohada con lágrimas incesantes. Pero al despertar un poco más, recordó que nunca había oído una voz como aquella, al menos no en ese tono.

Un escalofrío recorrió su ser, algo no estaba bien y es que, al mover sus manos levemente, pudo sentir el cuerpo de alguien junto al suyo. Aquel cuerpo era gélido, estaba quieto aun cuando había movido sus manos, así que abrió los ojos lentamente sólo para toparse con la figura perfecta de un bello vampiro, posando la mira en el rostro del otro, notando como volteaba. Ese rostro, esas facciones, esos ojos y... esos labios que tanto había extrañado, estaban a pocos centímetros de su cara.

Ambos quedaron en shock, apenas parpadeaban, sus ojos no dejaban de mirarse con un brillo apareciendo en ambos por momentos. Estaban tan perdidos que sin darse cuenta, comenzaron a acercarse levemente hasta que un ruido los hizo despertar.





Nakajima: -¡Que no!- gritaba desde el baño
Chinen: -¡QUE SI!- tiraba con fuerza la puerta del baño para abrirla
Nakajima: -¡YA! Te estoy diciendo que de verdad yo pedí primero la ducha- afirmó con molestia
Chinen: -¡MENTIRA! Todos saben que primero es el Rey... ¿Y quién es el rey? ¡YOO MERO!- buscaba abrirla a como de lugar
Nakajima: -No me convencerás –
Chinen: -Esta bien... –bufó pero luego sonrió ladino – Ok te haré un trato para ya no pelearnos por el baño, pero si sales –
Nakajima: -¿Qué trato? –sacó la mitad de su cuerpo, escondiendo lo demás detrás de la puerta, estaba claro que Chinen podría ser tramposo, pero su curiosidad era muy intensa
Chinen: -Vamos a ver a Yamada para ponernos de acuerdo quien entra primero, quien después y quien al final... ¿Te parece?- sonrió de forma amplia, esperando una contestación afirmativa del otro, sin embargo, Nakajima dudó negando con la cabeza, estaba completamente seguro que era una distracción para sacarlo del baño
Chinen: -bufó al notar que no le hizo caso- ¡Como quieras! ¡YO ME PONDRÉ DE ACUERDO CON YAMADA, ASÍ QUE NO TE QUEJES SI LUEGO TE DEJAMOS AL FINAL!- sentenció con eso al mayor, caminando con porte hasta donde se encontraba la cortina del nombrado.

Al principio, Nakajima dudaba sobre las intenciones de Chinen, pero era verdad también que había que poner un orden al usar el baño y la ducha. No tuvo más opción que salir para poder seguir de cerca al menor, quien no desaparecía de su rostro una enorme sonrisa traviesa al haber hecho al mayor salir del baño, pues no tenía ni la más mínima intensión de usar la ducha, simplemente necesitaba darle su “beso mañanero” a lo que le pertenecía (según él).

Una vez detrás de la cortina azulada que limitaba el cuarto de Yamada, Nakajima tomó suavemente la tela para abrirla con cuidado, deslizando lentamente. 



Al oír los pasos acercarse, Arioka rápidamente se giró asustado hasta caer sobre el suelo con pies y manos. Buscó con la vista algún buen escondite y sin poder encontrar alguno, se alzó veloz para dirigirle al vampiro una mirada seria con la cual le hacía saber que deseaba esconderse.

Yamada no terminaba de reaccionar aún cuando le vio moverse, fue entonces cuando sacudió la cabeza terminando por encontrar la mirada seria del demonio. No tuvo mucho tiempo para pensar en algún lugar bueno, así que simplemente le señaló que se rodara bajo la cama pues tenía una idea, aunque probablemente no muy buena.

Yamada: -¡Cuando te diga, te ocultas bajo mis ropas! No te muevas mucho- sentencio comenzando a despojarse de sus prendas.

Arioka: -¡Sólo ocúltame!- decía nervioso cuando vio los pies detrás de la cortina, sintiendo luego como era cubierto por una camisa en la cabeza, quedando completamente quieto.



Nakajima: -Yama-chan necesitamos hablar- se quedó estupefacto de lo que sus ojos veían.
Chinen: -Es sobre el uso de la ducha de...- no terminó de decir eso cuando sus ojos se posaron en una imagen que ciertamente no esperaba ver.

El mayor de los vampiros, se encontraba parado cerca de su cama en el lado derecho. No poseía prenda alguna y al parecer buscaba alguna de ellas en el suelo, dejando ver a los presentes su perfecta espalda blanquecina y parte de sus muslos doblados ligeramente.

Nakajima parpadeaba apenas, Chinen, al ver la reacción de Nakajima, arrugó la nariz y dio un paso dentro del “cuarto” del mayor, cruzando los brazos.

Chinen: -¿Qué no te han dicho que andar desnudo por la casa es de mala educación?- solamente estaba celoso, poco le importaba la educación.
Yamada: volteó al oír las palabras del menor, entrecerrando sus ojos –Mira quien habla enano chillador –
Chinen: -¡¿Chillador?! ¡RETIRA ESO VAMPIRO DE SEGUNDA!- le gritó gruñendo y mostrando sus colmillos.
Yamada: -¡Oblígame!- no dejaba de verlo con reto y molestia.

A decir verdad, estos dos vampiros no se han llevado bien desde nunca. La razón es muy simple: Yamada cree que Chinen, por ser el nieto del magno soberano Vampiro Lord Vladimir, piensa que puede hacer todo lo que su regalada gana quiere. Chinen piensa que Yamada es un simple ........ que alardea de lo que no tiene y juzga a los demás por envidias. ¿Y porqué razón viven en la misma habitación si no se soportan? Claro está que la razón es... Yuto Nakajima.



Continuará....

1 comentario:

  1. ¿Por qué me he tardado tanto en comentar? ¡Jum! (<-- está enfadada consigo misma... u_u) Ya me había leído este capítulo antes, pero no sé por qué no he comentado... u_u
    Bueno, a ello! >.<
    ¡Está genial! Pobre Daiki, siempre escondiéndose... xD ¡Yo quería que se hubiesen besado! >.< ¡Mi mente obsesionada con el Ariyama lo quería! TT^TT
    ¡Me encanta esta historia! *_______________*

    ResponderEliminar